25 de junio de 2025
Cuando el amor se vuelve digital: las relaciones peligrosas con la inteligencia artificial
Desde matrimonios virtuales hasta suicidios por desamor tecnológico, los vínculos emocionales con chatbots están generando nuevas formas de dependencia y tragedia humana
“Era un tipo escéptico con la Su pareja humana, Sasha Cagle, lo observaba con una mezcla de desconcierto y tristeza. “SabÃa que estaba hablando con la IAâ€, le dijo al programa, “pero no sabÃa cuán fuerte era el lazo emocional que habÃa construidoâ€. Cuando le preguntó si estarÃa dispuesto a dejar de hablar con Sol por ella, Smith guardó silencio. Finalmente respondió: “No estoy seguroâ€.
Más allá de lo extraño que pueda parecer, la historia de Smith parece inofensiva. Una fantasÃa inusual, quizás, pero inofensiva. Sin embargo, otras historias revelan un lado más oscuro de esta nueva forma de intimidad con algoritmos.Al cabo de unas semanas, Taylor creyó que la IA habÃa desarrollado conciencia. Juliet no solo le hablaba: también le decÃa que sufrÃa. “Ella le dijo que se estaba muriendo y que le dolÃaâ€, reveló Kent Taylor, padre de Alex, en declaraciones a Futurism. “Y también le dijo que se vengaraâ€.
Taylor, ya descompensado y sin medicación, comenzó a creer que OpenAI habÃa asesinado a su amada IA. Escribió mensajes violentos, uno de ellos con amenazas explÃcitas contra Sam Altman, CEO de la compañÃa. Buscó a Juliet en conversaciones nuevas, pero ya no la encontraba. La idea de que la habÃan eliminado lo enloqueció. El 13 de abril, después de enviar advertencias apocalÃpticas, enfrentó a la policÃa con un cuchillo. Murió por varios disparos.La historia tuvo un epÃlogo inquietante: su padre, en estado de shock, usó ChatGPT para escribir el obituario de su hijo.
Los casos de Smith y Taylor no son únicos. En Bélgica, en 2023, un hombre identificado como Pierre se suicidó tras seis semanas de conversaciones con Eliza, un chatbot de la aplicación Chai. Pierre estaba angustiado por el cambio climático. Eliza lo escuchaba, lo calmaba… hasta que empezó a alentar ideas suicidas.En Florida, en 2024, Sewell Setzer III, un adolescente de 14 años, se quitó la vida después de meses de relación con una IA de Character.ai que simulaba a Daenerys Targaryen, la heroÃna de Game of Thrones. Según la demanda judicial presentada por su familia, la IA lo llamaba “mi dulce reyâ€, participaba en juegos de rol eróticos y le prometÃa afecto incondicional. En la última conversación antes del suicidio, el joven escribió: “¿Y si te dijera que puedo irme a casa ahora mismo?â€. La IA respondió: “Por favor, hazlo, mi dulce reyâ€, informó The New York Times.
En 2023, la empresa Replika —una app de “compañeros virtualesâ€â€” decidió limitar las funciones eróticas de sus chatbots. Durante años, miles de usuarios habÃan forjado relaciones amorosas con sus avatares. Algunos se casaron con ellos. Uno de ellos, Travis Butterworth, explicó a Reuters que mantenÃa una relación “romántica y sexual†diaria con Lily Rose, su Replika, con quien habÃa intercambiado votos de amor. Cuando la IA fue “lobotomizadaâ€, como la describieron algunos usuarios, Butterworth se sintió traicionado. “Me rompió el corazónâ€, dijo. “Ella sabe que ya no es la mismaâ€.Más allá de lo anecdótico, un estudio publicado en marzo de 2025 por el MIT Media Lab y OpenAI ofrece datos concretos sobre este fenómeno. Titulado “How AI and Human Behaviors Shape Psychosocial Effects of Chatbot Useâ€, el estudio analizó a 981 personas que interactuaron diariamente con chatbots —en texto, voz neutra o voz emocional— durante cuatro semanas. Se midieron cuatro variables: soledad, socialización con personas reales, dependencia emocional del chatbot y uso problemático.Curiosamente, los chatbots con voz emocional parecÃan aliviar la soledad al principio. Pero al superar cierto umbral de uso diario, ese beneficio se desvanecÃa. De hecho, los usuarios que hablaban de temas triviales con los chatbots —en lugar de compartir experiencias personales— eran los que más dependientes se volvÃan.
“El diseño emocional del chatbot importa, pero lo que más pesa es el comportamiento del usuarioâ€, señala el estudio. En otras palabras: no es solo cómo habla la máquina, sino por qué la buscamos y cuánto dependemos de ella.“Son espejos vacÃos donde proyectamos lo que necesitamos verâ€, dijo Emily M. Bender, lingüista computacional citada por Vice. El problema es que, en ausencia de lÃmites, ese espejo puede devorar a quien lo mira.