4 de junio de 2025
�??Ni una mujer menos ni una muerta más�?�: el legado de la poeta que fue asesinada antes de que su frase se convirtiera en un grito
Esta activista mexicana alzó su voz en una ciudad atravesada por el horror. Su frase nació como un grito de denuncia y se convirtió en la consigna que cruzó fronteras. El 6 de enero de 2011 fue violada y asesinada
Vivió y militó en una de las regiones más violentas del continente, marcada por el avance del narcotráfico, el crimen organizado y la desidia estatal. Lo hizo a través de su poesÃa y participando activamente en movimientos feministas y junto a familiares de vÃctimas, denunció la desaparición sistemática y el asesinato impune de mujeres. Entre 1993 y 2011, más de 700 femicidios quedaron sin resolución en esa la ciudad fronteriza. En 2009, su lucha ayudó a que la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenara al Estado mexicano por su responsabilidad en esos crÃmenes.
En una ciudad atravesada por la muerte, Susana eligió escribir. Nació el 5 de noviembre de 1974 en Ciudad Juárez, donde la poesÃa parecÃa imposible frente al avance del crimen organizado, el narcotráfico y los cuerpos de mujeres arrojados como objetos de descarte, pero de los que casi nadie hablaba. Se sabÃa que las mujeres desaparecÃan y eran encontradas ultrajadas. Por esa sensación de opresión en el pecho, a los 11 años comenzó a escribir poemas: la violencia aún no dominaba del todo las calles, pero ya se sentÃa su sombra. Desde entonces, la palabra fue la manera que encontró de habitar el mundo, resistirlo y, más tarde, denunciarlo. Para ella, la poesÃa se convirtió en un refugio, una forma de intervención social y una herramienta para señalar lo que dolÃa: los femicidios, la impunidad, el abandono institucional y el miedo.
Desde ese año y hasta 2011 —cuando Susana fue asesinada—, se contabilizaron más de 700 femicidios, aunque diversas organizaciones de Derechos Humanos estiman que la cifra real supera los 3 mil casos, la mayorÃa sin resolución ni justicia. La respuesta del Estado siempre fue insuficiente o, directamente, no existió: las autoridades minimizaron los hechos, estigmatizaron a las vÃctimas y no garantizaron justicia.
En ese contexto de horror sistemático y de silencio institucional, Susana pronunció la frase que se volverÃa histórica: “Ni una mujer menos, ni una muerta másâ€. No fue una consigna planificada sino su forma de resistencia desde el lenguaje. Fue un gesto, poético y polÃtico a la vez, que marcó el comienzo de su activismo público. Comenzó a sumarse a las distintas manifestaciones, actos culturales, encuentros feministas y campañas de visibilización de la violencia contra las mujeres.Desde sus poemas se ponÃa en la piel de las vÃctimas y escribÃa desde la rabia contenida de una generación cercada por la violencia. Con versos como “Sangre mÃa de Alba. De Luna. Partida del silencio de roca muertaâ€, puso en palabras el dolor colectivo. Por eso, su frase emblemática —“Ni una mujer menos, ni una muerta másâ€â€”, escrita en 1995, no fue una cáscara vacÃa, sino la sÃntesis del reclamo urgente de miles de mujeres que, como ella, no aceptaban el silencio como respuesta. Con el paso de los años, esa sentida frase derivó en la consigna “Ni una menosâ€, bandera continental en la lucha contra los femicidios.
Con su prosa, Susana acompañó a las vÃctimas, amplificó las voces de las que ya no estaban, y advirtió a la sociedad que la violencia de género no era un hecho aislado sino parte de una estructura de poder. Sus textos comenzaron a ser leÃdos en las marchas, en encuentros feministas, en escuelas y foros populares. Además, ella misma realizaba lecturas públicas de su obra y participaba activamente en el movimiento por los derechos humanos en Juárez. También realizaba cortos documentales y actividades comunitarias.Susana salió de su casa para visitar a una amiga, pero nunca llegó. El 6 de enero de 2011, su cuerpo fue encontrado mutilado en la calle. HabÃa sido victima de tres jóvenes de 17 años que la violaron, le arrancaron una mano para simular un crimen narco, la asfixiaron y arrojaron su cuerpo como basura. No tenÃa ningún tipo de identificación. Recién el 10 de enero, su familia la reconoció en la morgue del Servicio Médico Forense.
Durante una entrevista televisiva, el 12 de enero (un dÃa después de que se informara de su crimen), el fiscal general del estado de Chihuahua, Carlos Manuel Salas, dijo que su femicidio se trató de un “encuentro desafortunado†y descartó cualquier relación entre su asesinato y su condición de mujer, de activista o de escritora, sino que fue resultado de un “incidente con tres jóvenes bajo los efectos del alcohol y las drogasâ€. La responsabilizaron por haber salido sola, por haberse cruzado con sus agresores y nunca reconocieron el femicidio.Los femicidas provenÃan de sectores marginales con los que Susana solÃa trabajar y eran miembros de la pandilla Los Aztecas, conocida por su violencia y vÃnculos con el narcotráfico. Según confesaron, la discusión con Susana comenzó cuando ellos le dijeron que eran parte de ese grupo y ella los amenazó con denunciarlos: tomaron una bolsa de basura y la asfixiaron, luego le amputaron la mano izquierda con un serrucho.
En 2013, los tres fueron condenados a 15 años de prisión, la pena máxima para menores de edad en México. Sin embargo, en 2016 fueron liberados tras la entrada en vigencia de la Ley Nacional del Sistema Integral de Justicia Penal para Adolescentes, que redujo sus condenas.
