4 de junio de 2025
El caso que sacudió a la cultura porteña: el exdirector de un museo que mató a su cuñado en el Palacio Anchorena y se suicidó
El 10 de mayo de 2005, el exdirector del Museo Metropolitano asesinó al administrador de la institución, Rafael Saiegh, que también era su cuñado. Luego se quitó la vida. Viejas discordias, una discusión por dinero y el duelo reciente por una muerte familiar fueron el telón de fondo. Hoy, a 20 años de la tragedia, el edificio está en obra y la familia evita hablar de lo que pasó. �??Todavía nos preguntamos por qué a él�?�, dicen desde su entorno
Veinte años después, el crimen sigue envuelto en un halo de silencio. Como el museo mismo. “Se llevaron a la tumba el secretoâ€, dijo a los medios el director del museo en aquel momento, Ignacio Smith.
El asesinato seguido de suicidio conmocionó al mundo de la cultura y fue noticia de distintos diarios y portales. “Tarde de sangre en el Museo Metropolitanoâ€, tituló Página/12. “Exdirector de un museo mató al administradorâ€, resumÃa Infobae. “Un histórico palacio francés, escenario de una tragediaâ€, sintetizaba ClarÃn.Los relatos coinciden: aquel martes de mayo, todo transcurrÃa con normalidad en el museo. En ese contexto, el estruendo provocado por dos disparos sorprendió a los visitantes y empleados de la institución, entre ellos el nuevo director, que almorzaba en el restaurante del lugar. “En principio, el guardia de seguridad subió al tercer piso del Palacio Anchorena, pero no encontró nada fuera de lo normal. Entonces, revisó otros pisos. Al llegar al primero, escuchó los timbres de dos teléfonos celulares que nadie atendÃa. Abrió puerta por puerta hasta que ingresó a una de las oficinas, donde encontró los cuerpos de Saiegh y de Nakkache separados por un escritorioâ€, reconstruyeron los periodistas Gustavo Carabajal y Gabriel Di Nicola, del diario La Nación.“La escena del crimen era una habitación pequeña y lúgubre. Estaba iluminada con una luz amarilla, tenueâ€, le cuenta a Infobae una exfuncionaria del Juzgado Nacional en lo Criminal Nº 2, que integró el equipo judicial que intervino en la causa. “Pasaron muchos añosâ€, agrega. A pesar de ello, la mujer todavÃa recuerda la imagen de los cuerpos de Saiegh y Nakkache. El primero, de 65 años, tendido en el piso; el segundo, de 66, en una silla con el arma al costado. No hubo testigos. Tampoco se escucharon gritos, ni forcejeos. “Hay gente que vio a Nakkache un rato antes el hecho, pero no lo notó alterado. Nadie lo habÃa visto nunca con armas, se ve que la llevaba encima o la tenÃa guardada en la oficinaâ€, informó por entonces Página/12.Después del crimen, se tejieron distintas hipótesis. La más firme apuntaba a una discusión tensa, al parecer motivada por cuestiones financieras.
De acuerdo con las crónicas de la época, la relación entre los cuñados se habÃa deteriorado hacÃa meses. El punto de inflexión fue el 7 de agosto de 2004, cuando falleció Lidia Nakkache, hermana de Roberto y esposa de Rafael. La muerte de la mujer desató una disputa económica. “Nakkache comenzó a reclamarle dinero a Saiegh que, como presidente honorario de la asociación que administraba el museo, decidió separarlo de la dirección poco más tardeâ€, detallaba Página/12.“La última discusión entre Nakkache y Saiegh habrÃa sido por una garantÃaâ€, precisaba La Nación. Según explicó el diario, el exdirector del museo tenÃa planeado alquilar un inmueble cerca del Hipódromo de Palermo, que iba a ser su nuevo espacio de trabajo. Para que pudiera hacerlo, su cuñado le habÃa prometido que iba a hacer de garante, pero a último momento se negó. “Estaba acorralado económicamente y se sintió humilladoâ€, confió al diario una persona cercana a Nakkache.
Los documentos que la policÃa secuestró en la escena del crimen —entre ellos papeles con cuentas y anotaciones económicas— abonaban esa teorÃa. “Para los investigadores, es probable que Saiegh haya sido un ‘hombre de la plata’ y que su cuñado viviese de prestado. ‘¿Alguien se puso a pensar qué hacÃa un ingeniero en ese lugar? DÃganme si no le estaban dando una mano prestándole ese espacio’â€, le decÃa una fuente a Página/12. El entorno de Nakkache, en tanto, lo defendió. “Lo que quiero descartar es todo se haya originado por malversación de fondos en el Museo Metropolitano. Él nunca tocó un peso que no fuera de él. Era un hombre honesto. Toda decisión que tomaba la consultaba con Saiegh. No hacÃa nada sin su autorizaciónâ€, afirmó a La Nación uno de sus amigos.Los Saiegh son seis hermanos: dos mujeres y cuatro varones. Rafael era el segundo. Estaba casado con Lidia —hermana de Nakkache—, con quien tuvo tres hijos. Cuando ocurrió la tragedia en el museo, los chicos ya estaban atravesando el duelo por la muerte de su madre, ocurrida apenas unos meses antes. “Perdieron a la mamá y al papá con muy poco tiempo de diferencia. Tiempo después, los tres se fueron a vivir al exterior. Hoy son todos profesionalesâ€, explican desde el entorno familiar.
Rafael Saiegh era abogado, egresado de la Universidad de Buenos Aires (UBA) con estudios de posgrado en ParÃs. Entre 1995 y 2001, se desempeñó como asesor de la Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos. Además, fue jefe de asesores de la SecretarÃa de Cultura en la gestión de Di Tella y jefe de difusión de Eudeba. Entre abril y octubre de 2002 ocupó el cargo de director ejecutivo del portal educativo Educ.ar, durante la gestión de su cuñada Graciela Giannettasio. Su familia estaba vinculada a la polÃtica y la cultura: era hermano de Miguel Saiegh, exlegislador bonaerense y esposo de Giannettasio; y de la arquitecta Diana Saiegh, quien fue, entre otras cosas, directora del Centro Cultural Recoleta y expresidenta del Fondo Nacional de las Artes.La última gran alegrÃa de Rafael fue la edición de su libro Francia en las Islas Malvinas, publicado por Emecé: una obra de 399 páginas fruto de años de investigación sobre la presencia gala en el Atlántico Sur. “Nunca llegó a presentarlo porque en el medio pasó esta desgraciaâ€, lamentan en su entorno. DÃas antes de su muerte, habÃa distribuido ejemplares entre amigos cercanos con el pedido de que le compartieran sus crÃticas. “Él era un hombre bibliófilo y muy culto. Esta era la obra máxima de su vida y estaba muy contento. Me lo acababa de regalarâ€, recordó Torcuato Di Tella en diálogo con La Nación.Algunas versiones indican que su vinculación con el Metropolitano se inició cuando, en su condición de ingeniero, fue convocado para colaborar en la restauración del lujoso —aunque ya algo deteriorado— Palacio Anchorena, construido en 1906 por el arquitecto Alejandro Christophersen. Más tarde, en 2002, accedió a la dirección de la institución, designado por la asociación civil Consejo de Buenos Aires, presidida por su cuñado. Durante su gestión impulsó la restauración de salas, organizó una muestra homenaje a Antonio Berni y promovió el alquiler de espacios para conferencias, exposiciones y ciclos culturales.
El Palacio Anchorena sigue en pie, pero ya no está abierto al público. El Museo Metropolitano, que alguna vez fue sinónimo de cultura, hoy es apenas una estructura tapiada, atrapada entre permisos de obra y un destino incierto.“La experiencia demuestra que es posible hacer un hotel en un edificio patrimonial sin necesariamente hacer el daño que hicieron en el Duhau de Alvear. A la vuelta del Anchorena, sobre Alcorta, está la vieja casa de Tradición, Familia y Propiedad, que sigue intacta en su estilo tudoresco y funciona como un muy pequeño hotel de gran discreción. También está La Maison de Carlos Pellegrini, impecable, elegante y rentable como rostro de un hotel internacional. Habrá que ir mirando de cerca qué ocurre con esta residencia de 1928 de alto valor culturalâ€, advertÃan.