22 de abril de 2025
La actriz que narra el femicidio de su hermana en una obra: el llanto de la hija de la víctima y la carta del asesino
Sandra fue asesinada en 1995 por su expareja. Tres décadas después, Mariela Alejandra reconstruye esa historia silenciada y la suya propia. �??La Oso�?� representa una búsqueda vital y una manera de reescribir su histori
El 5 de agosto de ese año, aquel hombre citó a Sandra en la casa que compartieron, convenciéndola de que ya habÃa entendido que no volverÃa con él, pero rogándole conversar para quedar en buenos términos. Sandra fue hasta el lugar y al llegar, él le disparó en la cabeza y la mató.
Treinta años después, Mariela habla del femicidio de Sandra sobre un escenario, con muchas cajas que se transforman en la casa, en calle, en cuarto de infancia. La obra se llama La Oso y es un unipersonal escrito, dirigido y actuado por ella. El escenario se vuelve lugar de duelo, archivo emocional y dispositivo de memoria para Mariela. “Hoy, después de todo este proceso, te puedo decir que mi hermana no era una chica débil, como llegué a pensar cuando no sabÃa qué pensar, cuando buscaba respuestas. Era valiente, segura, decÃa lo que pensabaâ€, la describe orgullosa.
El criminal (femicida) dejó una carta junto al cuerpo de Sandra y se fugó. Luego se entregó. La justicia lo condenó por homicidio calificado por el vÃnculo y se hablaba de un “crimen pasionalâ€. Estuvo trece años preso y fue beneficiado con el 2x1. Salió en libertad y se convirtió en un vecino más, en el buen tipo que “ya habÃa pagado su deuda con la justiciaâ€. Ni siquiera fue el asesino o el que dejó a su hija sin la mamá. La palabra “femicidio†todavÃa no existÃa y el concepto que la creó apareció 20 años tarde.Las hermanas habÃan crecido en una casa en Monte Chingolo, en la zona sur del conurbano bonaerense. TenÃan dos años de diferencia, cosa que hizo que compartieran la infancia en los años 80. Las chicas bailaban la canción Thriller y el resto de los temas de Michael Jackson. Sin darse cuenta sobrevivieron a una guerra que enlutó al paÃs y vieron la llegada de la democracia de la mano del presidente Raúl AlfonsÃn. No tenÃan idea de nada de eso, ellas solamente compartÃan juegos y eran felices. “Nuestra madre, a pesar de todo, intentó romper con los cÃrculos de violencia. Nos quiso muchoâ€, reconoce Mariela Alejandra, que prefiere no usar públicamente su apellido actual porque está haciendo los trámites para tener el de su madre, Rocha, el que la llena de orgullo.En la adolescencia —con todas las limitaciones que el gobierno menemista impuso a los pobres, los nuevos looks, los nuevos sonidos en la música y en el mundo que las rodeaba— las cosas entre ellas cambiaron un poco. Cada una definió su estilo y personalidad. Mariela querÃa agradar a los demás. Sandra, decÃa lo que pensaba.Sandra se enamoró de un vecino y se casó cuando era menor de edad, con autorización de su mamá. Dejó la escuela y se convirtió en madre. “Todo lo hizo muy rápidoâ€, admite Mariela. Cuando sintió que la relación ya no daba para más, se separó.Con dolor, admite que durante una década, el relato familiar se sostuvo en el mutismo y la resignación. Hasta que el teatro, la escritura —y una palabra, femicidio— abrieron un resquicio: nombrar lo innombrado fue el primer paso para transformar el dolor.
El 14 de noviembre de 2012, la figura de femicidio se incorpora al Código Penal argentino a través de la Ley 26.791, modificó la norma para incluir el asesinato de una mujer por motivos de género como una figura agravada de homicidio. Desde entonces, el femicidio se castiga con prisión perpetua, sin posibilidad de reducción de pena. La reforma incluyó el inciso 11 del artÃculo 80, que establece como agravante el hecho de “matar a una mujer cuando el hecho sea perpetrado por un hombre y mediare violencia de géneroâ€.“Hasta ese momento, vivÃa con la sospecha de que algo de responsabilidad tenÃamos nosotras, como familia, como mujeres. Nos hacÃan creer que si nos pasaba algo era porque lo habÃamos buscado. Entonces, cuando se le puso un nombre, un concepto y se lo convirtió en figura penal, cuando llegó a la ley, se me corrió el velo. Fue un cambio muy importante y ahà yo empecé a preguntarme: ‘¿cómo fueron estas cosas? ¿quién habÃa sido Sandra? ¿Por qué le hizo eso?‘...â€, dice pausado.
Yamila, hoy una mujer de 32 años, se quedó sin su mamá cuando tenÃa menos de dos años. Y una noche, mientras su abuela la sostenÃa en brazos, comenzó a extrañar. “¡Mamááááá!â€, gritaba llorando. “La mami no va a volver más. Está en el cielo!â€, le explicó la abuela, mojándole las mejillas con sus lágrimas. Creció sabiendo que tenÃa padre, lo que habÃa hecho, pero con el peso social de “sea lo que sea, es tu papáâ€.
“¿Quién era ese tipo? Era mi padre, está bien… pero ¿quién era?â€, fue el interrogante de Yamila, en la adolescencia, que dio lugar a un giro en el enfoque que Mariela: habÃa que hablar también de los agresores, de los discursos que sostienen la violencia, de los mitos del amor romántico que todavÃa justifican la posesión y el control. En esa carta que dejó el asesino sobre el cuerpo de Sandra, escribió: “por amor se mataâ€.Luego de repasar su camino, piensa en el presente y reflexiona: “Si hoy las mujeres siguen muriendo, si cada dÃa hay un nuevo caso y una familia destrozada, es porque la violencia de género sigue sucediendo. El dolor que provoca es enorme, y aunque se hayan logrado algunos avances, esos logros —como poder nombrar, ver y entender lo que ocurre— son fundamentales y deben sostenerse. No se puede retroceder. Si alguien todavÃa duda del femicidio, que mire las estadÃsticas, que se involucre, que escuche lo que muchas personas están diciendo. Basta con mirar alrededor: cada dÃa hay niños que se quedan sin su madre, familias arrasadas, personas que quedan mal paradas para siempre. ¿Quién puede estar de acuerdo con tanto dolor?â€, explica Mariela.
Entre el 1 de enero y el 29 de marzo de 2025, ocurrieron 78 femicidios, lo que equivale uno cada 27 horas. En marzo de este año hubo 23 femicidios; 106 intentos de femicidios directos y vinculados; 9 femicidas pertenecÃan a fuerzas de seguridad. El 17% de las vÃctimas habÃa realizado al menos una denuncia y el 12% tenÃa medidas de protección 67 niñas y niños quedaron huérfanos, según los datos recientes del Observatorio “Ahora Que Sà Nos Venâ€.