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16 de abril de 2025

Un acto de la CGT, una Plaza de Mayo llena y Perón desde el balcón de la Rosada: el día que tres bombas mataron a seis manifestantes

Hace 72 años, el miércoles 14 de abril de 1953, tres bombas colocadas en sitios clave del centro porteño explotaron mientras una manifestación sindical respaldaba al gobierno en una coyuntura socioeconómica álgida con inflación y especulación financiera. Además de los muertos hubo cerca de cien heridos, 19 de ellos sufrieron mutilaciones

>El miércoles 14 de abril de 1953, el ingeniero Roque Carranza armó tres bombas de diferente poder destructivo. La más pequeña tenía treinta cartuchos de gelinita y fue destinada al Hotel Mayo, ubicado en la esquina de Defensa e Hipólito Yrigoyen y que se encontraba en refacciones. Otra algo más potente, armada con cincuenta cartuchos de gelinita, fue colocada en el octavo piso del Nuevo Banco Italiano, en Rivadavia 409 (actual Banco Frances). Esta finalmente no estalló por defectos en el mecanismo de relojería. La última y más poderosa, que contaba con cien cartuchos, fue colocada en la estación Plaza de Mayo de la línea “A” de subterráneos.

El 28 de septiembre de 1951 se produjo el intento de golpe encabezado por el general de brigada Benjamín Menéndez, con importante apoyo de sectores civiles. A comienzos de 1952, el Servicio de Informaciones de la Aeronáutica logró desbaratar un plan para tomar la Casa Rosada y matar a Perón y a su esposa, comandado por el Coronel José Francisco Suárez.

Dice Vasallo: “Entre 1946 y 1948 los salarios reales aumentaron casi el 40%, alcanzando niveles inéditos. La capacidad de compra de los argentinos se incremento considerablemente. Mejores salarios para la mayoría trajo como consecuencia que, muchas veces, no se consigan los productos que han comenzado a poder pagar. Hay desabastecimiento y largas colas en los comercios. El costo de vida sube en forma sostenida entre 1945 y 1951, con una creciente inflación anual. El gobierno argentino enfrenta estos problemas aumentando el control de la actividad económica. El Congreso sanciona dos leyes: en agosto de 1946 (12.830) y abril de 1947 (12.983). La primera le confiere al Poder Ejecutivo la autoridad suficiente para fijar precios máximos, restringir las exportaciones y racionar los permisos de importación. La segunda ley permite a los funcionarios congelar los precios, embargar mercadería y encarcelar a sospechosos de especuladores por un plazo de hasta 90 días. Los castigos incluyen cientos de pesos en multas, clausuras de negocios por períodos de cinco a diez días y condenas de quince a treinta días de prisión”.

El desabastecimiento se sentía principalmente en la carne, pues los ganaderos obtenían mejor precio en la exportación, que en el mercado interno. Por la misma razón faltaba trigo, lo que llevaba a popularizar el pan negro, también se establecieron cupos de nafta y se racionalizó la electricidad con cortes selectivos. La inflación llegó al 27% anual, un numero muy alto en aquellos tiempos.

En ese marco, la CGT convocó a una gran movilización en Plaza de Mayo para apoyar al gobierno en su lucha contra el agio y la especulación.

Según investigó Daniel Brion: “El local de la firma Redondo Hnos., ubicado en la avenida Jujuy 47/51, era el centro de actividades del grupo. Allí solían fabricar bombas, redactar panfletos antiperonistas y organizar reuniones políticas clandestinas. El miércoles 14 de abril, en ese lugar, el ingeniero Roque Carranza armó tres bombas de diferente poder destructivo. La más pequeña tenía 30 cartuchos de gelinita y fue destinada al Hotel Mayo, ubicado en la esquina de Defensa e Hipólito Yrigoyen y que se encontraba en refacciones. Otra algo más potente, armada con 50 cartuchos de gelinita, fue colocada en el octavo piso del Nuevo Banco Italiano, en Rivadavia 409 (actual Banco Frances). Ésta finalmente no estalló, por defectos en el mecanismo de relojería. La última y más poderosa, que contaba con 100 cartuchos, fue colocada en la estación Plaza de Mayo de la línea ‘A’ de subterráneos”.

Perón retomó el discurso: “Compañeros: estos, los mismos que hacen circular los rumores todos los días, parece que hoy se han sentido más rumorosos, queriéndonos colocar una bomba...”. En ese instante se escuchó otro estallido, mucho más potente que el anterior: era la bomba colocada en la estación Plaza de Mayo, de cuyas bocas de acceso comenzó a emanar humo. Por suerte la que pudo ser más letal, la del Banco Italiano, por la altura y la voladura de manposteria que podía desparramar sobre la gente parada en Avenida Rivadavia, no estalló, y recién fue encontrada un mes después, por la información de los autores del hecho.

El saldo fue de seis muertos y cerca de cien heridos, 19 de ellos mutilados. Por suerte (como se hace en los actos actualmente), la estación Plaza de Mayo del subte “A” estaba cerrada al público por el acto. Esto evitó que la cantidad de muertos fuese muy superior. Los fallecidos fueron: Santa Festigiata D’Amico (italiana de 84 años), Mario Pérez (empleado de Transportes de Buenos Aires), León David Roumeaux (dirigente del gremio de los madereros), Osvaldo Mouché, Salvador Manes y José Ignacio Couta.

En el cierre del discurso, el Presidente pidió a los trabajadores que “regresen a sus casas” y sostuvo: “Compañeros, como en la horas más críticas de nuestra lucha en 1945, pediré a todos los compañeros que, como entonces, estén activos y vigilantes; pediré a todos que vayan al trabajo confiados y decididos. Todos los problemas que puedan presentarse, se resuelven produciendo. A esos bandidos los vamos a derrotar produciendo, y a los canallas de afuera los vamos a vencer produciendo. Por eso, hoy como siempre la consigna de los trabajadores argentinos ha de ser: producir, producir, producir”.

El hecho de detonar bombas en medio de una multitud califica como acto de terrorismo indiscriminado. Dos años después, vino el bombardeo a Plaza de Mayo con 309 muertos y 800 heridos. Fue el odio antiperonista que inspiró y ejecutó estos dos atentados únicos en la historia argentina. Lo indiscriminado implica que está dirigido contra cualquier persona, viejo, joven, niño, que se encuentre cerca.

Un mes después, cuando intentaban fugarse al Uruguay, fueron detenidos Arturo Mathov, Roque Carranza y Carlos González Dogliotti, juzgados como autores materiales. Otros acusados de participar fueron Jorge Firmat, Federico Gotlling, Miguel Ángel de la Serna, Rafael Douek, los hermanos Alberto y Ernesto Lanusse, y el capitán Eduardo Thölke, quien les proveyó los explosivos. Mathov y Carranza en los años siguientes fueron destacados dirigentes radicales. Paradójicamente, el gobierno radical homenajeó al Ingeniero Roque Carranza, autor del peor atentado terrorista en el subte, poniendo su nombre, justamente, a una estación de subte.

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