14 de abril de 2025
Veinte atentados, una bomba molotov y un juicio postergado: el drama de la abogada hostigada por defender a una víctima de violencia
Desde que tomó el caso, en septiembre de 2019, Norma Igoa Bellini (73) fue víctima de más de 20 ataques. A pesar de las reiteradas denuncias, las restricciones perimetrales no se cumplieron y su agresor sigue en libertad. �??Decidí hacer pública esta pesadilla porque es la única forma que tengo de protegerme a mí y a mi familia. Perdimos la paz�?�, dice
Hasta ahora, nunca habÃa dado una entrevista. Durante años eligió el silencio, convencida de que podÃa resolver el conflicto por vÃa legal. Pero las respuestas que obtuvo de la Justicia fueron nulas: las denuncias se acumularon sin consecuencias y las restricciones perimetrales no se cumplieron. “Me daba pudor salir en los medios, pero creo que es la única forma que tengo de protegerme a mà y, fundamentalmente, a mi familia. Sufrà más de 20 atentados. Hace cinco años que vivo con miedo: parece una pesadilla. Esto se tiene que conocerâ€, dice.
Norma tiene 73 años, es abogada graduada en la Universidad de Buenos Aires y ejerce desde hace más de tres décadas. “Desde muy chica soñé con dedicarme a esta profesión. VeÃa Perry Mason (NdR.: una serie de televisión estadounidense protagonizada por un letrado que defendÃa a personas acusadas falsamente) y querÃa estar ahÃ. Soy la primera abogada de mi familia. Hice todo a pulmónâ€, cuenta. Si bien inició en el ámbito penal, más adelante se especializó en derecho de familia. En ese recorrido, defendió durante años a mujeres vÃctimas de violencia de género. Lo que no imaginó es que, hacia el final de su carrera, serÃa ella quien terminarÃa del otro lado del mostrador: hostigada, amenazada de muerte, con su familia en la mira y sin respuestas del sistema judicial al que sirvió durante años.Todo comenzó en septiembre de 2019 cuando tomó la defensa de una mujer que habÃa escapado de su casa con su hija de dos años. “Ella estaba aterrada. Su pareja, de profesión abogado y empresario, habÃa amenazado con matarla. Rompió una silla al lado de su nena. Le dijo que le iba a pegar un tiro en cada rodillaâ€, cuenta sobre lo que, a priori, parecÃa “un caso másâ€.“DÃas antes, mientras almorzaba con mi marido en el balcón de mi departamento, lo vÃ. Estaba sentado en un escalón en la calle, mirando hacia donde estábamos nosotros. Yo vivo en un segundo piso, asà que lo reconocà enseguida. Cuando me paré, se dio cuenta y se fueâ€, recapitula Norma. Mientras tanto, el hombre también arremetÃa contra su expareja: “Fue hasta la puerta del lugar donde ella trabajaba y le hizo una pintada con su nombre y la palabra ‘Estafadora’. Estaba empeñado en que ella se quedara sin empleo y perdiera la tenencia de la hijaâ€.
Tras los ataques a la vidriera, Igoa Bellini y Siciliano coincidieron en una audiencia judicial a fin de año. Norma lo recuerda con precisión: “Apareció con unos anteojos ahumados. Nunca me voy a olvidar: en la sala habÃa un cuadro y él, en vez de mirarme a mÃ, hacÃa como que miraba el cuadro. ‘No quiere dar la cara. No quiere que lo vea’, penséâ€.Para el 31 de enero de 2022, la agresión escaló: dos personas arrojaron una bomba molotov dentro del local de antigüedades y decoración de Norma, provocando una explosión que destruyó buena parte del negocio. Ella estaba de viaje y planeaba reabrir el 2 de febrero. Asà lo anunciaba un cartel pegado en la puerta. Se enteró del episodio por el llamado de una vecina: “¿En qué andás, que te están quemando el negocio?â€, le dijo. Norma tuvo que sentarse. El lugar tenÃa un valor simbólico profundo. “HabÃa piezas de decoración moderna, pero también cosas de herencia de mi madre. Por eso se llamaba ‘Antica Bellini’: era su apellido. De hecho, lo inauguré el dÃa de su cumpleaños, un 22 de enero de 2019. Ella siempre quiso tener un local de antigüedadesâ€, cuenta. “Gracias a Dios, el encargado del edificio actuó rápido. De lo contrario, las consecuencias podrÃan haber sido devastadoras. Es una torre de 26 pisos con más de 200 unidades funcionalesâ€.
En los seis meses posteriores a la bomba molotov, Siciliano violó reiteradamente la restricción de acercamiento que habÃa dictaminado la Justicia. El 14 de febrero de 2022, apenas diez dÃas después del incendio, volvió a atacar: bajó de su auto y, con una gomera, destrozó la nueva vidriera del local. Luego fue visto al menos tres veces frente a la vivienda de Igoa Bellini: el 22 de febrero, el 21 de abril y el 18 de julio. Todas esas situaciones fueron denunciadas como violaciones a la perimetral, ninguna tuvo consecuencias judiciales.A pesar del temor y de los episodios de violencia cada vez más graves, Norma estaba decidida a seguir patrocinando a su clienta. Pero su firmeza se resquebrajó cuando Siciliano desvió su furia hacia su familia. El punto más crÃtico se dio el 15 de agosto de 2022: Igoa Bellini recibió un mensaje de WhatsApp desde un número desconocido con amenazas explÃcitas contra su único hijo, acompañado de más de 20 fotografÃas tomadas a lo largo de dos años. Las imágenes incluÃan escenas familiares tomadas a escondidas y en fechas clave, como una cena de Nochebuena o el festejo de un bautismo familiar en un salón privado.
“Cuando vi todo eso empecé a temblar. Ahà caà en la cuenta de que alguien habÃa estado siguiéndome durante todo ese tiempoâ€, asegura.Por indicación médica, viajó al exterior durante casi tres meses. Buscaba alivio, dice, aunque sabÃa que era momentáneo. “Me fui y me saqué una mochila de encima. Empecé a vivir como vivÃa antes. Allá pude dormir sin sobresaltos. Acá me despierto con cualquier ruido. En una época soñaba permanentemente con fuego. Después del incendio, mi miedo era que me pusieran el mismo lÃquido inflamable que pusieron en el local por abajo de la puerta del departamento. Asà que reforcé la entrada con una chapa de hierroâ€, cuenta.
La custodia y el botón antipánico no alcanzaban. “A veces salÃa a colgar ropa al balcón y lo veÃa a Siciliano enfrente de mi casa. Avisaba, pero la policÃa tardaba dos horas en venirâ€, detalla. Con los meses, su hijo y su nuera comenzaron a ser blanco directo de los ataques. Los nuevos abogados de su exclienta también. “Para el violento no existen los escrúpulosâ€, asegura.“Entré en un miedo paralizante. No sabÃa qué hacer pero tampoco estaba deprimida. De hecho, seguÃa trabajando. Tuve que hacerlo para poder costear desde las cámaras de seguridad, pasando por investigadores privados hasta los peritos de parte. Perdà todos mis ahorros: tuve que vender un departamentoâ€, dice. La única calma aparecÃa cuando su hijo y su familia estaban de viaje. “Pensaba: ‘Les pasa esto por mi trabajo’. Son vÃctimas totalmente inocentesâ€. La lógica que percibÃa era la del terror como escarmiento, como en los años más oscuros de la historia argentina. “Es un sistema como el que se usaba en esa época: ‘Voy por la crÃa’â€.
En su búsqueda de protección, Norma recorrió distintas instituciones. El respaldo más concreto, dice, lo encontró en la SecretarÃa de la Mujer del Gobierno de la Ciudad. “Se movieron muy rápido y le dieron intervención a la justicia civil. Ahà se dictó una medida de no acercamiento, una restricción perimetral, que igual violóâ€, explica.“Yo lo que espero es una condena. La que le corresponde por todo lo que hizo. Si salgo a hablar es porque tengo miedo por mÃ, pero fundamentalmente por mi familia. Perdimos la pazâ€, asegura Norma. Hace una pausa y cierra: “Estoy segura que tiene una saña en mi contra. Fui la primera persona que le dijo que: ‘No’. Le quité el expediente de San Isidro, lo llevé a Capital y empezaron los procesamientos. La Justicia le impide tener contacto con la hija. Eso no me lo perdonó. Además, empoderé a una mujer que estaba aterrada. Hoy ella vive su vida, trabaja y cuida a su nena. Salió de ese cÃrculo de violencia. Y eso también fue imperdonable para élâ€.
*En comparación con el año anterior, los intentos de femicidios directos y vinculados se duplicaron: 52 en 2024 y 106 en 2025.
