14 de marzo de 2025
El joven que rescató a cuarenta personas de la inundación de Bahía Blanca en una moto de agua: �??Lo que veía era una catástrofe�?�
Lucas Bruna tiene 36 años y un hijo de siete. El 7 de marzo se encontraba por trabajo en Bahía Blanca cuando un feroz temporal inundó la ciudad. Se dirigió a la esquina para sacar una foto y entendió que debía actuar de inmediato para ayudar a los más afectados. El operativo que montó en cinco minutos con ayuda de los vecinos y las horas que ambos pasaron horas buscando gente que lo había perdido todo
“¿Qué foto ni qué foto?â€, dice Lucas, de 36 años, que pensó cuando vio esa marea que crecÃa salvaje en las calles de su ciudad. Y se acordó de Nicolás Ãlvarez, un vecino de esos que se conocen y se aprecian desde hace mucho tiempo aunque no lleguen a ser amigos. “Lo fui a buscar porque él tiene moto de agua. HabÃa que sacar a la gente de sus casasâ€, repasa.
“Cuando llegué a lo de Nico ya no habÃa luz, no andaban los timbres, asà que aplaudà hasta que salió. Le dije que tenÃamos que salir a hacer salvataje y no lo dudó. No tenÃa su moto en su casa, pero sà la de un conocido, y la llave. Eran como las diez de la mañana cuando empezamosâ€, se acuerda Lucas.
La mecánica se repetÃa: iban juntos en la moto de agua que Nicolás conducÃa. Lucas bajaba a las casas, rompÃa vidrios para entrar si hacÃa falta, rescataba de a una persona, la subÃan a la moto, Nicolás llevaba a esa persona hasta un punto seguro -por su altura y porque circulaban por allà autos que pudieran continuar el rescate de esa persona- y volvÃa a buscar a Lucas. Juntos iban hasta la próxima casa en la que hubiera que rescatar a alguien. Cada veinte o treinta minutos recargaban nafta: no ponÃan demasiada porque habÃa que evitar el sobrepeso.
No tardaron nada en decirse que Nicolás era el capitán y Lucas era el marinero, que eran un equipo, que necesitaban el uno del otro y que tenÃan que estar seguros de que no corrÃan riesgos innecesarios para poder no sólo mantenerse con vida -nada menos- sino también sostener ese operativo que montaron enseguida.“En cinco minutos ya estaba habilitado el salón más grande del club del barrio para que lleváramos allà a las personas rescatadas. Un carnicero se ocupó de traernos chalecos salvavidas para reponer los que tenÃamos por si pasaba algo, entre todos traÃan nafta para que repusiéramos enseguida en la moto, y los cambios que le hacÃan a nuestro plan eran siempre para mejorar. Fue un trabajo impresionanteâ€, reconstruye.
El primer rescate fue el de Lucas, un adolescente al que encontraron subido a un árbol. “La correntada les explotó el portón de la casa. Él sostuvo a su abuela hasta que no pudo más, a su abuela se la llevó la correntada asà que imaginate cómo estaba ese chico cuando lo encontramosâ€, cuenta Bruna.¿Y su vida? ¿Estuvo en riesgo? “Tuve el agua hasta el cuello y tapándome. Pero todo el tiempo me concentré en que tenÃa que mantener la calma. La calma es indispensable en el agua porque si no empezás a pegar manotazos, se te fatiga la respiración, te acalambrás, te cansás y es peligrosÃsimo. Siento que tuve calma en medio de mucha adrenalina también. Y con Nicolás decidimos que habÃa calles en las que no Ãbamos a entrar. Cuando veÃamos que la correntada podÃa derribar la moto y llevarnos, no entrábamos. SabÃamos que tenÃamos que cuidarnosâ€, explica, ante la pregunta de Infobae.
Su mamá, Alicia, al principio no podÃa creer lo que estaba haciendo su hijo. “Se asustó, habrá pensado que para qué. Pero cuando me vio volver las dos o tres primeras veces ya se calmóâ€, cuenta Lucas. Alicia, de 61 años, después ocupó el lugar más maternal de todos los que habÃa en el operativo: esperaba a su hijo con café caliente y ropa seca para cambiarse periódicamente. “Me abrigaba hasta que yo me templara y me volvÃa a meter al agua, que estaba muy frÃaâ€, dice él.Hubo salvatajes en los que los rescatados reaccionaban bien, con una alegrÃa inmensa. “Incluso me sorprendió en gente muy mayor porque aparecÃan unas ganas de vivir y de ser rescatados muy fuertesâ€, cuenta Lucas. Hubo algún jubilado que, cuando él y Nicolás llegaron con la moto de agua, los esperaba con 300 dólares “y alguna alhajita†en un tupper: “Son los ahorros de toda la vidaâ€, les decÃan. Y también hubo quienes se resistÃan a salir de su casa: “Nos decÃan que no querÃan dejar sus cosas porque se las iban a robar cuando bajara el agua. Y nosotros respondÃamos algo muy crudo pero real en ese momento: que sus cosas se iban a ir o ya se estaban yendo con el agua. Y que lo único que habÃa para cuidar era la vidaâ€, cuenta.Casi una semana después de ese temporal tras el que, según estiman las autoridades bahienses, costará 400.000 millones de pesos reconstruir la ciudad, Lucas Bruna tiene las piernas raspadas, cortadas y repletas de moretones. “Y recién ahora voy cayendo. En el momento yo creà que iba hasta la esquina a ver cómo estaba todo pero no me imaginaba que me iba a encontrar con lo que vi. Salimos sin pensarlo y creo que fui egoÃsta porque en ningún momento pensé en Salvador, mi hijo de casi 7 años. No se me cruzó por la cabeza pensar que si a mà me pasaba algo lo dejaba con mi ausencia y sin mi sostén, y creo que eso fue egoÃstaâ€, reflexiona.
