14 de febrero de 2025
La desaparición de Dagmar Hagelin, el primer crimen que expuso ante el mundo el plan genocida de la dictadura
Hace una década, en febrero de 2015, la Cancillería Argentina desclasificó los documentos secretos sobre el secuestro de la adolescente sueca de 17 años perpetrado por un grupo de tareas al mando de Alfredo Astiz. Las mentiras de los dictadores para encubrir el crimen y los testimonios que lo revelaron
Hasta el secuestro de Hagelin, la dictadura no se habÃa visto en una situación parecida, porque además de la reacción del gobierno sueco, los medios y personalidades de ese paÃs y de muchas otras naciones europeas se unieron en los reclamos de solidaridad con la familia de Dagmar y con el resto de los desaparecidos. Los documentos secretos que salieron a la luz en 2015 revelan en ese sentido como la primera reacción defensiva de la dictadura fue descalificar la nacionalidad sueca de Dagmar, como si eso pudiera atenuar el escándalo. Lo demuestra el burdo argumento esgrimido por el entonces canciller argentino, vicealmirante César Guzzetti, ante el reclamo realizado por el embajador sueco en Buenos Aires: “Mire, embajador. Si nosotros consideráramos que Dagmar Hagelin es sueca, entonces el ochenta por ciento de los argentinos serÃamos italianos o españoles… ¡Yo soy de ascendencia italiana! Si aceptamos la teorÃa de que ella es sueca, ¡yo soy italiano!â€, le dijo.
Como eso no funcionó, el propio dictador Videla intentó negar la responsabilidad de la dictadura y dar vuelta la situación adjudicándole el secuestro a una “banda subversiva†y comparándolo con el atentado realizado por Montoneros contra el canciller Guzzetti poco después. Lo hizo en una carta dirigida al primer ministro sueco que fue incluida entre los documentos desclasificados: “El terrorismo, proclive siempre a la acción solapada, utiliza como armas predilectas los secuestros y los atentados. DÃas después el ministro Guzzetti fue vÃctima - una vÃctima más - de un atentado. También en este caso el terrorismo usó la vÃa artera y, al igual que en el caso de la señorita Hagelin, la identificación de los responsables resulta sumamente difÃcilâ€, le escribió.Cuando Videla envió esa carta por vÃa diplomática, tanto él como el resto de la junta militar sabÃan perfectamente qué habÃa ocurrido con Dagmar Hagelin, vÃctima de un operativo ilegal de un grupo de tareas de la ESMA encabezado por Alfredo Astiz durante el cual la confundieron con una importante dirigente de Montoneros.Dagmar Ingrid Hagelin fue secuestrada a las ocho y media de la mañana del jueves 27 de enero de 1977 cuando llegó a la casa de Norma Burgos, viuda del fundador de las Fuerzas Armadas Peronistas y dirigente montonero Carlos Caride, muerto en un enfrentamiento con la policÃa unos meses antes. La adolescente conocÃa a Burgos por la relación que ésta tenÃa con su padrastro, el abogado Edgardo Waissman, que habÃa sido defensor de Caride. Dagmar y Norma se habÃan hecho amigas en Villa Gesell, durante las vacaciones de 1975. Por eso, ese 27 de enero fue a visitarla.No sabÃa que Norma Burgos habÃa sido secuestrada la tarde anterior por el grupo de tareas 3.3.2 de la ESMA, comandado por Alfredo Astiz. Esa misma noche el grupo allanó la vivienda de Burgos en la calle Sargento Cabral 317 de El Palomar, en el Gran Buenos Aires, donde vivÃa con sus padres. Durante las torturas a la que la sometieron, Burgos reveló que al dÃa siguiente la visitarÃa MarÃa Antonia Berger, una importante dirigente de Montoneros sobreviviente de los fusilamientos de Trelew. Astiz decidió entonces montar una ratonera en la casa.Dagmar era rubia, igual que MarÃa Antonia Berger, y al verla llegar a la casa los integrantes del grupo de tareas la confundieron con la dirigente montonera. Cuando tocó a la puerta le apuntaron con sus armas y la adolescente trató de escapar corriendo. Al verla correr, Astiz puso rodilla en piso, apuntó y disparó. La bala le dio en la cabeza y la derribó sobre la calle. La patota militar detuvo entonces a un taxi Chevrolet, patente C-086838, conducido por Jorge Eles, y la metieron en el baúl. Según algunos vecinos que presenciaron la escena, Dagmar estaba viva y lo suficientemente consciente como para intentar frenar la tapa del baúl con las manos cuando la cerraban.Ragnar Hagelin, el padre de Dagmar, comenzó a preocuparse por ella a mediodÃa, porque habÃan quedado en almorzar juntos y la chica no llegó. SabÃa que esa mañana su hija tenÃa pensado visitar a Norma Burgos y fue hasta la casa para preguntar por ella. AllÃ, el padre de la viuda de Caride y algunos vecinos le contaron que su hija estaba herida y habÃa sido secuestrada por hombres de civil. La primera reacción del padre fue ir a la subcomisarÃa de El Palomar, la sede policial más cercana, donde el subcomisario Rogelio Vázquez le dijo que “habÃa sido un operativo oficial de las Fuerzas Armadasâ€. Más tarde, en el Departamento de PolicÃa de Morón le mostrarÃan un acta con fecha del dÃa anterior, donde la Armada habÃa pedido que le dejaran “área libreâ€, es decir una zona liberada para actuar sin interferencia policial.
El viernes 28 a la mañana, Ragnar Hagelin se presentó en la Embajada de Suecia en Buenos Aires y pidió entrevistarse con el embajador Bertie Kollberg para pedirle que interviniera. Después de escuchar el relato de los hechos, el diplomático no perdió un minuto en poner manos a la obra para encontrar a Dagmar. Primero confirmó con la policÃa de Morón que, tal como decÃa Ragnar, se la habÃan llevado en un operativo de la Armada y después se comunicó con el canciller César Guzzetti para reclamar que la liberaran. Fue entonces cuando el marino a cargo del Ministerio de Relaciones Exteriores le respondió que Dagmar Hagelin era tan sueca como él era italiano, y que por lo tanto la embajada no tenÃa razones para intervenir. Con ese argumento terminó de desatar un incidente internacional que dio lugar a los reclamos del primer ministro sueco, el presidente estadounidense James Carter y el papa Juan Pablo II, además de exponer el accionar ilegal de la dictadura a los ojos de la opinión pública europea. Fue entonces cuando Videla intentó sacarse el problema de encima y responsabilizar a una “banda subversiva†del secuestro de la adolescente. Ante la falta de respuestas creÃbles Suecia retiró a su embajador en Buenos Aires y estuvo a un paso de romper relaciones diplomáticas con la Argentina. A partir de ese momento, la dictadura mantuvo un hermético silencio sobre el paradero y el destino de Dagmar Hagelin. Recién en noviembre de 1979, con la liberación y la salida al exterior de algunas de las militantes que habÃan estado detenidas en la Escuela de Mecánica de la Armada comenzaron a conocerse otros datos ciertos. Las primeras en denunciar el plan sistemático de desaparición de personas que estaban perpetrando los militares argentinos fueron Ana MarÃa MartÃ, Alicia Milia de Pirles y Sara Solarz de Osatinsky en una conferencia de prensa realizada en ParÃs, donde además afirmaron haber visto a las monjas francesas en la ESMA. Otra de las liberadas fue Norma Burgos, que estaba exiliada en Madrid. El gobierno sueco la contactó y le pidió que declarara lo que sabÃa sobre la suerte corrida por Dagmar. El 13 de diciembre de 1979, Norma Burgos relató que mientras estaba detenida en la ESMA, pudo ver y hablar con la adolescente en tres ocasiones: la primera fue el mismo 27 de enero en que Dagmar fue secuestrada y nuevamente, dos o tres dÃas después y al finalizar la primera semana de febrero. En las dos primeras oportunidades, contó, Dagmar se encontraba consciente en una camilla en la enfermerÃa del sótano. TenÃa una herida un poco más arriba del arco superciliar izquierdo, un derrame rojizo bajo sus ojos y no podÃa controlar esfÃnteres. Norma llegó a preguntarle cómo estaba y Dagmar le respondió que “a pesar de todo me siento bienâ€. La última vez que la vio fue en el tercer piso, al levantarse la capucha. Allà vio a Dagmar sola en una habitación, de pie y con un camisón o bata floreada. Aproximadamente el 10 de febrero, Burgos vio que la habitación en la que se encontraba Dagmar estaba vacÃa y que un custodio le dijo que habÃa sido “trasladadaâ€, no con otros prisioneros sino sola.En su testimonio, Burgos también dio indicios de que la Armada trataba a la adolescente sueca como un caso especial debido a la repercusión internacional que tenÃa. “A diferencia de otros casos que solÃan ser referidos en los diálogos entre los captores y entre estos y sus prisioneros, nunca nadie más hizo mención a la suerte corrida por Dagmar Ingrid Hagelinâ€, dijo en su declaración.Ni siquiera entonces, la dictadura asumió su responsabilidad en la desaparición de la adolescente de 17 años, sino que continuó mintiendo de manera descarada. El ministro de Relaciones Exteriores argentino, Carlos Washington Pastor, le envió una carta a su par sueco: “En cuanto a la presentación efectuada por Norma Susana Burgos ante funcionarios suecos, el Gobierno Argentino no puede más que hacer presente al gobierno sueco sobre el riesgo de ser involuntariamente perjudicado por una acción del terrorismo internacional, que pudiera estar valiéndose de Norma Burgos mediante algún tipo de coacción. En efecto, Norma Burgos - que nunca estuvo detenida - y que habÃa estado Ãntimamente vinculada a elementos terroristas; colaboró voluntariamente, y de ello tiene pruebas el Gobierno Argentino, con las autoridades durante 1977 y 1978 por lo cual, cuando a comienzos de 1979 decide viajar a Europa las autoridades argentinas se lo facilitaron económicamente, haciéndose cargo de los pasajes aéreos para que Norma Susana Burgos y su hija viajasen hacia Madrid. Luego de casi un año y por motivos que el gobierno argentino ignora, intenta sorprender la buena fe del gobierno sueco con una declaración llena de falsedades, sospechosamente parecida a publicaciones aparecidas en medios europeos con anterioridadâ€, decÃa.
Con esa carta, la dictadura hizo un nuevo e inútil intento de negar lo que ya era evidente para todo el mundo: que en la Argentina se estaban cometiendo sistemáticas violaciones a los derechos humanos y que Dagmar Hagelin se contaba entre sus vÃctimas. No se trataba solamente de los testimonios de Ana MarÃa MartÃ, Alicia Milia de Pirles, Sara Solarz de Osatinsky y la propia Norma Burgos, sino también los horrores descubiertos por la misión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que acababa de visitar el paÃs.Ragnar Hagelin continuó luchando hasta su muerte, en octubre de 2016, por conocer el destino final de su hija. Alcanzó la leer los documentos desclasificados de la CancillerÃa Argentina sobre su caso, pero no llegó a saber que sus secuestradores y asesinos fueron finalmente condenados. El 29 de noviembre de 2017, la justicia argentina condenó a Alfredo Astiz y a otros 29 represores a prisión perpetua y en algunos casos a penas menores por los crÃmenes cometidos en el centro clandestino de detención, tortura y exterminio que funcionó la Escuela de Mecánica de la Armada, entre ellos la desaparición de Dagmar Hagelin.
“Lamento que no haya podido llegar a ver este momento, pero es una alegrÃa para toda la familia después de todos estos años en los que mi padre ha luchado y trabajado duro con el caso de Dagmar, con juicios, testimonios y viajes a Argentinaâ€, dijo Jonathan Hagelin, su hijo y hermano de Dagmar, a la agencia sueca TT después del fallo.