11 de noviembre de 2024
Miguel Ángel Rodríguez celebra sus 64 años en medio del desafío de llevar el teatro under de temporada a Mar del Plata
Con el respaldo de Carlos Rottemberg, el actor se aventura en el circuito comercial con una obra íntima y profunda. En diálogo con Teleshow, reveló el impacto emocional que la historia de �??Quieto�?� generó en él y la conexión especial que logró con el público
“Fue casi un año atrás, estaba en un café, solo, pensando en mi viejo que tenÃa 94 años, en cosas de la vida. Fue un momento muy especial, una de esas cosas que uno se guarda en el corazónâ€, recuerda RodrÃguez. En ese instante de introspección, un mensaje de Karina Hernández interrumpió sus pensamientos. “Me mandó un mensaje por WhatsApp contándome de la obra y de Flor Naftulewicz y Francisco Lumerman, el equipo detrás de Quieto. No los conocÃa personalmente, pero cuando leà el guion sentà una conexión inmediataâ€, cuenta al rememorar ese encuentro fortuito que le cambiarÃa el rumbo. Su padre finalmente falleció hace dos meses.
RodrÃguez leyó el texto y algo en él resonó con fuerza. “La leà una vez y me estremeció. La leà dos veces y volvà a sentir lo mismo. Fue algo inmediato. Le dije a Karina: ‘Dale, juntémonos, vamos para adelante con esto’â€, relató con emoción. La obra, con su tono intimista y su profundidad emocional, le recordaba a un cine clásico, a una profundidad actoral que compara con las actuaciones de grandes como Luis Sandrini. “Es una obra que podrÃa haber hecho Sandrini, tiene esa cosa de la emoción y el humor justo, todo en su lugar. Eso me atrajo, me hizo sentir como en casaâ€, reveló.Para el actor, además, era una oportunidad para experimentar en un espacio teatral completamente distinto: “Nunca habÃa hecho teatro independiente. Me sedujo mucho la idea de actuar en una sala pequeña, sin las exigencias del circuito comercial, en algo que sentà más Ãntimo, como un living de casa. Era un desafÃo actoral y personal que tenÃa ganas de enfrentarâ€.Renzo es un hombre que se dejó llevar por el curso natural de la vida. A sus 89 años, tras la pérdida de su esposa, el peso de la soledad lo abruma y lo encierra en una postura de resignación. Para él, la vida simplemente transcurre. Está sentado en su sillón, observando cómo el tiempo sigue adelante, pero sin ganas de ser parte activa de ese movimiento. “Dejé todo, lo di todoâ€, parece expresar en su silencio, en sus gestos parcos. Su mundo ahora es estático, limitado a las cuatro paredes de su hogar, a su rutina sin emociones y al eco de una presencia que ya no está.
En contraste, su hija lleva una vida marcada por la velocidad y las obligaciones. Casada y madre de dos hijos, enfrenta una dinámica diaria donde el tiempo es escaso y las responsabilidades son muchas. La ausencia de su madre la dejó desorientada, sin la referencia femenina que alguna vez tuvo, y ahora debe lidiar con la fragilidad de su padre. Las visitas que le hace son esporádicas, a veces por deber, otras por cariño, pero siempre teñidas de una tensión silenciosa.Renzo, tozudo y terco en su manera de ver la vida, no cede. En su lógica, “ya cumplió†y dejó todo listo para que su hija y su hijo sigan adelante sin él. Sin embargo, es precisamente esta crudeza, esta forma ruda de expresar su amor, lo que hace que la relación sea tan real, tan auténtica. La hija, por su parte, intenta encontrar un punto de encuentro, pero cada visita se convierte en un recordatorio de la distancia entre sus mundos, del vÃnculo quebrado que tratan de reconstruir en medio del dolor y la incomprensión.
Esta relación tan particular, que oscila entre el amor y la desidia, entre la cercanÃa y la distancia, atraviesa al público con una fuerza inusitada. Cada escena es un espejo donde se reflejan los sentimientos no expresados, el peso de la pérdida y el intento desesperado por mantener un lazo que, a pesar de todo, sigue vivo en medio de las diferencias.El personaje que interpreta le permitió explorar un territorio emocional desconocido y a la vez familiar. “Es un hombre de 89 años, algo totalmente nuevo para mÃ. Por supuesto que, al ser un hombre mayor, me hizo pensar en mi viejo. Aunque él era muy distinto de Renzo, habÃa cosas que me resonaban: la soledad, el paso del tiempo, la incomodidad de los añosâ€, reflexionó RodrÃguez, haciendo una pausa. “Mi viejo era muy práctico, muy inteligente. No era de esos tipos que te dicen ‘te quiero’, pero lo resolvÃa de otra forma, con gestos. Creo que esa generación fue asÃ, hicieron lo que pudieron. Eso fue una inspiración para darle vida a Renzoâ€, aseguró, emocionado.Desde su estreno, Quieto despertó una respuesta intensa en el público. “La gente sale atravesada, es una obra que llega. Salen emocionados, conmovidos. Muchas veces se acercan a nosotros después de la función, nos cuentan sus historias, o simplemente nos agradecen. Se vive un momento de conexión que es maravilloso. Me llena de alegrÃa ver cómo el público se entrega, cómo se abre a la experienciaâ€, compartió el actor con una sonrisa.
Uno de los momentos más especiales para RodrÃguez fue la visita de Carlos Rottemberg, el productor que terminó llevándolos a Mar del Plata. “Carlos habÃa visto a Flor en otra obra y cuando lo invité a ver Quieto, se animó. No sabÃa qué podÃa pasar, pero lo cierto es que vino, y vino para quedarseâ€, recordó RodrÃguez. Tras la función, Rottemberg fue al camarÃn y le dio una devolución inesperada. “Me dijo que la obra era una ‘joyita’ y que merecÃa llegar a más gente. El lunes ya estábamos hablando de llevarla a Mar del Plataâ€, aseguró con sorpresa. Para RodrÃguez, este gesto fue un honor inmenso. “Carlos me dijo cosas muy lindas sobre la obra, sobre las actuaciones, sobre todo el trabajo que hicimos.Tiene esa visión especial para ver grandeza en lo simple, y llevar Quieto a la costa es una jugada hermosa y muy audazâ€, destacó.“Mi amor por el arte nació hace mucho, allá lejos, cuando era apenas un chico y descubrÃa en la música y en la televisión algo más que entretenimiento: un espacio de expresiónâ€, recordó. Aún hoy, con 64 años, repasa su vida como si fuera un guion grabado en la memoria. Y en esas primeras escenas aparece un momento crucial: su interpretación de MartÃn Fierro en el antiguo auditorium de lo que hoy es el Cenard, cuando era solo un niño: “Estaba vestido de gaucho, con dos guitarras detrás, una de mi hermano y otra de un amigo mayor. Y ahÃ, frente a una sala enorme, recitaba. Uno después se acuerda de eso, se pregunta: ¿Cuándo empecé yo con esto?, y tal vez ahà empezó todoâ€.
Para él, el humor era una escuela propia. “Me gustaban Los tres chiflados, el circo de Marrone y Carlitos Balá, todos esos programas como La tuerca, Telecataplum y Humor redondo. Los veÃa y sentÃa que el humor era algo más grande, una manera de conectar con la gente, de hacer comunidadâ€, contó. Y asÃ, entre risas y actuaciones improvisadas, el arte comenzó a transformarse en algo más que un hobby.
A principios de los noventa, con el empuje de Videomatch, Miguel Ãngel comprendió que esta pasión podÃa ser también su destino. “Ya llevaba varios años entre cámaras y radios, probando y aprendiendo. Pero fue con Videomatch cuando me di cuenta de que esto iba a ser mi vida. Fue como un cimbronazo. TenÃa un espacio donde podÃa probar, y si no funcionaba, volvÃa a lo mÃo. Pero habÃa llegado el momento de jugármela: de esto iba a vivirâ€, aseguró con determinación. La suerte, el destino y el esfuerzo se unieron en el momento preciso. “Estaba parado en el lugar justo en el momento justo. Claro que la suerte ayuda, pero fue mucho trabajo también. Fueron horas de vuelo, de aprender a hacer las cosas bien, de mejorarâ€, reflexionó.A lo largo de los años, construyó una carrera sólida y popular, algo que le recuerda constantemente el cariño del público en la calle. “El público es fundamental en todo esto. Uno hace teatro, cine, televisión, pero al final, es para ellos. Y la respuesta que recibo siempre es de un cariño y una generosidad increÃbles. Te saludan, te agradecen, hasta te hacen chistes sobre San Lorenzoâ€, dice entre risas, mencionando su conocido fanatismo por el club. “Ese cariño popular es el premio más grande que me dio esta carrera, y lo agradezco todos los dÃasâ€, concluyó, con la satisfacción de quien sigue apasionado por su oficio.
