5 de noviembre de 2024
Entrevista a Raúl Gámez: �??Quizá descuidé mis emprendimientos personales por Vélez, hoy vivo de prestado�?�
El histórico dirigente del club de Liniers tuvo una intensa vida ligada al fútbol, llena de anécdotas y personajes, como Grondona, Bianchi y Monzón, con quien casi se pelea. Por estos días es un jubilado que cobra la mínima y no puede pagar el alquiler. �??No soy indigente por la gran cantidad de amigos que tengo�?�, asegura
Ese amor germinó entre los adoquines que adornaban las calles del barrio, siempre desembocando en el viejo FortÃn. Desde pibe en la tribuna, abrigado con la bandera y la V, soñando con esa quimera de verlo campeón: “Llevábamos varios años de noviazgo con mi esposa, cuando Vélez hizo la gran campaña del Nacional ‘68. Al llegar a los momentos finales, dije que si salÃamos campeones me casaba. Y ustedes fueron los culpables (se rÃe mientras mira la foto y les habla a los jugadores de aquel equipo). El dÃa de la consagración, en la cancha de San Lorenzo contra Racing, te juro que miraba al cielo y veÃa flamear la bandera de Vélez. Fue memorable, porque hasta ese momento, nuestro equipo perdÃa casi siempre (risas) y nosotros éramos hinchas para ir a verlo jugar, no ganar. Y eso era suficiente. La cosa fue cambiando en los ‘90, de lo que me siento responsable. Por ejemplo, que la platea sea tan brava y exigente, porque se acostumbraron a los éxitos. Yo hice cambiar las populares de lugar, para tener la de mayor capacidad y hacernos más fuertes en nuestra casaâ€.
Desde que tiene uso de razón, cada domingo, Raúl estaba allÃ, en la tribuna, alentando al equipo. Conocido por todos, respondiendo a un seudónimo cuyo origen ingresó en la mitologÃa del tablón. Él se encarga de aclararlo: “Cuando éramos chicos, habÃa un pibe de la barra al que el tÃo le decÃa Pistolita y a él no le gustaba. En aquellos tiempos, al vago o al piola se le solÃa decir: No te hagas el pistola. Viene de ahÃ, nada que ver con las armas o la violenciaâ€. En 1982 fue testigo y protagonista de uno de los choques de barras más duros que se recuerden. Nueva Chicago habÃa ascendido el año anterior y recibÃa al FortÃn: “Unos chicos de Velez prendieron fuego una parte de los quinchos y la gente se enardeció. Yo nunca tuve mucho miedo, pero por inconsciente, no por guapo. No razono ante el temor, pero no lo hago de valiente. Esa fue una pelea durÃsima y complicada, porque se nos vino encima toda la gente de Chicago y me pegaron en la cabeza con una botella de vidrio de ketchup. Me llevaron al hospital, donde me cosieron la herida y me volvà para la cancha, aunque parezca mentira. Cuando terminó, regresamos para Vélez, donde me dieron una camisa, porque la mÃa estaba ensangrentada y rota. De ahà nos fuimos al hipódromo de Palermo: tenÃa que llegar lo más tarde posible a mi casa para que no me viese mi esposa en ese estado (risas)â€.Poco tiempo después le llegarÃa el turno de involucrarse definitivamente en la vida institucional del club como dirigente. Con un modelo a seguir, que era nada menos que José Amalfitani: “Tuve el gusto de conocerlo, porque nos cruzábamos siempre en el club. No llegué a establecer confianza por la diferencia de edad, pero siempre lo veÃa y charlábamos. Nosotros éramos de la hinchada, pero sin micros, entradas ni nada de parte de Vélez. ConseguÃamos algún camioncito y asà Ãbamos a las canchas de visitante. Éramos un grupo que parábamos en la vieja entrada al club sobre la calle Barragán, un dÃa pasó Don Pepe y le dije, bastante canchero: ‘Nos hacen falta un 7 y un 8 en el equipo’. Él era petiso y bastante cabrón. Recuerdo que se dio vuelta y me contestó: ‘7 y 8 son 15. Escoba. Te embromé (risas). Era rápido, bravÃsimo, súper honesto y trabajador. Al que querÃa aparecer para figurar, lo hacÃa aportar plata o ponerse a laburar. Por eso es tan reconocido en todos los niveles y el estadio con justicia lleva su nombreâ€.El Mundial ‘86 fue una de las gestas más grandes del fútbol argentino. No solo por la soberbia actuación del equipo, con un Maradona de otra galaxia, sino por cómo se llegó. Gámez era de los pocos que confiaban, porque conocÃa a los protagonistas: “Fui muy amigo de Osvaldo ZubeldÃa, desde la época que fue jugador de Vélez. Y más tarde tuve relación con Carlos Bilardo. Era gente con la que aprendÃas de fútbol. Nunca necesité que me regalaran un pasaje, porque me lo podÃa pagar con mi trabajo. México ‘86 lo vivà muy de cerca. Cuando llegué a Ezeiza habÃa una huelga de maleteros de AerolÃneas y allà me encontré con Carlos Bello, que era un diputado radical y me consiguió viajar con él por otra compañÃa. Llegamos y yo no tenÃa ningún hospedaje reservado, entonces me alojé con Carlos en el Crown Plaza, donde estaban los dirigentes y allegados. Un dÃa, Hugo Santilli y Julio Grondona me propusieron acompañarlos a la concentración de la Selección. Cuando llegamos, noté un clima excelente. Nos quedamos a comer el asado que habÃa preparado el padre de Diego. Como ganaron el partido siguiente, me adoptaron un poco como cábala y hasta hicieron la gestión para que regresara con el plantel en el avión. Fue maravilloso. Lo mismo que salir con ellos al balcón de la Casa de Gobierno, algo que mi esposa nunca me perdonó: ‘Te fuiste un mes y, al volver, no venÃs para casa, sino que termino viéndote por televisión en el balcón’†(risas).Sin embargo, para muchos, la conexión Gámez-México ‘86 tiene otra connotación, vinculada a un enfrentamiento de barras con los temibles hooligans: “Todo se inició por una discusión muy simple, por una banderita. Se acercaron desafiantes unos ingleses, que querÃan ocupar un lugar que era para los argentinos. Comenzaron los forcejeos, hasta que me perdà mentalmente, pero logramos conseguir el espacio para nuestra gente. Yo soy de la idea que los hinchas ingleses son buena gente, trabajan y estudian de manera normal. Nosotros estamos confundidos, y más en ese momento, con el tema de Malvinas. Ellos son peligrosos cuando toman de más, porque ahà son capaces de cualquier cosa. Di y recibà bastante, porque nos agarramos varias veces. Incluso a la salida me estaban esperando los muchachos (risas). A veces me pone mal cuando me lo recuerdan, sobre todo por mis nietos. Hace poco hicieron un mural cerca de la cancha de Vélez, en la zona del colegio, donde se me ve peleandoâ€.Durante gran parte de la década del ‘80 y comienzos de los ‘90, Vélez conformaba buenos equipos, con excelentes jugadores, pero no podÃa gritar campeón. Estuvo cerca en el ‘92, cuando ya Gámez era el responsable del fútbol profesional. Tras la ida de Eduardo Manera, habÃa que elaborar con tiempo la temporada ‘93: “En el primero que pensé fue en Marcelo Bielsa, que recién habÃa llegado a México, y de quien tenÃa las mejores referencias, pero habÃa decidido instalarse por unos años allá con la familia. No era fácil la decisión y habÃa que elegir bien. ConocÃa a un farmacéutico fanático de Vélez, de apellido Godoy, que siempre me insistÃa para que lo llamara a Bianchi que vivÃa en Francia. A Carlos lo conocÃa desde antes de que debutase en Primera. Firmamos el contrato por un año y a los pocos meses ya lo querÃamos extender a tres más (risas). Se dio una cosa extraordinaria, porque llegó y salió campeón del primer torneo. Y no paró más, sumando la Libertadores y la Intercontinental. Fue un técnico brillante. Se fueron Mancuso, Gareca y armó un equipo sólido, con muchos jóvenes. Nosotros acompañamos desde la conducción, no vendiendo, pese a todos los pedidos, ni a Boca ni a River. No Ãbamos a reforzar a los rivalesâ€.En ese plantel sobresalÃa una inmensa figura, que desde el arco irradiaba una impactante sensación de confianza e invulnerabilidad, que lo transformarÃa en uno de los Ãdolos más grandes de la historia del club: “José Luis Chilavert fue un fenómeno. Los fuimos a buscar a fines del ‘91, cuando habÃa regresado de España. Eduardo Manera era nuestro entrenador y no solo me recomendó a él, sino a José Basualdo y Roberto Trotta. Lo que decÃa él, era un acierto, lástima que no se le dieron bien las cosas. En ese momento era vicepresidente del club y el responsable del fútbol profesional. Mi idea era poder cambiar la imagen de Vélez en el fútbol, donde no era tan reconocido, como si en otros ámbitos, como el social. Chilavert era excepcional, no solo como arquero, sino que se hacÃa cargo de la presión que podÃan sufrir sus compañeros. Una personalidad ganadora únicaâ€.Raúl conoció mucha gente en el devenir de tantos años en el fútbol. Personajes de todo tipo, con los que vivió anécdotas increÃbles. Pocas como la que le ocurrió con Carlos Monzón: “Fue una falta de respeto mÃa a su trayectoria. Yo no razono ni mido los peligros, por eso cobré la mayorÃa de las veces que me peleé (risas). Estábamos en un cumpleaños del Coco Basile, sentados a una mesa, y Carlos al lado mÃo. Cada vez que contaba algo, me tocaba el brazo o el hombro. Él era un tipo bárbaro, pero cuando tenÃan alguna copa de más, se transformaba. Unos dÃas antes, yo habÃa estado en un partido con varios futbolistas, jugando de arquero. Entonces hizo un comentario desagradable hacÃa mà y los arqueros, a lo que le respondÃ. Se levantó y me dijo: ‘¿Vos querés pelear?’. Por supuesto le contesté que sÃ. Menos mal que lo pararon a él (risas), porque donde me tocara me tiraba 50 metrosâ€.
Raúl Gámez siempre tuvo una posición clara y definida con respecto a un tema que fue candente hace un cuarto de siglo y retornó a los primeros planos en el último tiempo: el ingreso de las SAD: “El fútbol argentino tiene que resistir este intento del arribo de las sociedades anónimas, que vienen en busca de los clubes con plata de orÃgenes dudosos, para tratar de generar más dinero, pero sin importarles los socios, que son lo más importante. Que alguien me explique qué pueden tener de bueno. En Europa triunfan los que son sociedades anónimas, pero también lo harÃan si no lo fueran, porque son grandes instituciones, que siempre han ganado tÃtulos. ¿De Vélez qué les puede interesar? Creo que solo la Villa OlÃmpÃca, porque del resto, nada. Ni la escuela, ni los vitalicios. Por unos pesos se quieren quedar con una historia centenaria y, si les va mal, desaparecen de dÃa para el otro. Ellos no tienen sentimientosâ€.
Ahora es el tiempo de disfrutar de la familia. Una de sus integrantes es reconocida en el mundo del fútbol, siempre tan ligado a la vida de este abuelo orgulloso: “Mis cuatro nietas son muy bonitas. En