4 de noviembre de 2024
El hombre que aceptó ser asesinado y devorado: la macabra historia de Bernd Brandes y Armin Meiwes
Durante el juicio, la defensa argumentó que se trataba de un �??homicidio a petición�?�, mientras que la fiscalía destacó el carácter sádico del acto
Con las semanas, los correos y mensajes de chat entre ellos comenzaron a trazar un plan.
Cuando Brandes llegó, la tensión entre ellos era tangible, como un duelo sin armas. Ambos, dispuestos a cumplir un pacto, compartieron un momento Ãntimo, un acto sexual. Y después de ingerir veinte pastillas para dormir y un trago fuerte de licor, Brandes permaneció consciente, aunque débil, lo suficiente como para ser testigo de su propio sacrificio.
En la cocina de aquella casa de madera oscura, los dos llevaron a cabo el ritual: Meiwes mutiló a Brandes en el acto que ambos habÃan acordado, cocinando una parte del cuerpo y compartiendo aquel primer bocado.La escena era de una calma desquiciada. En algún momento, Brandes comenzó a perder el conocimiento, y Meiwes, como si estuviera siguiendo un guion, se aproximó con un cuchillo de cocina y lo apuñaló en el cuello.
Aquel acto fue seguido por una especie de trance: troceó el cuerpo, guardando cada porción en el congelador, al lado de una pizza.La desaparición de Brandes no pasó desapercibida. Sus colegas notaron su ausencia, pero fue la publicación de un estudiante en Austria en un foro de internet lo que condujo a la policÃa hacia la propiedad de Meiwes.
Para entonces, él ya habÃa consumido más de 20 kilos de carne humana. Durante su detención, el acusado confesó con una calma escalofriante y explicó su motivación: desde niño, al verse solo, imaginaba poder “conservar†a alguien querido consumiéndolo fÃsicamente.El juicio fue un espectáculo macabro que atrapó a la nación alemana y al mundo entero. Meiwes relató ante el tribunal cada detalle con precisión y sin muestras de remordimiento. Confesó que para él, el acto de consumir a Brandes era una forma de unión absoluta, una comunión fÃsica y espiritual.
Pero la defensa argumentó algo que nunca antes se habÃa escuchado en un tribunal alemán: que Brandes habÃa dado su consentimiento, que se trataba de un “homicidio a peticiónâ€. Según la ley alemana, esto lo harÃa culpable de un crimen menor, lo que acarrearÃa una pena de solo cinco años de prisión.Los fiscales, sin embargo, argumentaba que el consentimiento de Brandes no eliminaba el carácter sádico y sexual del asesinato. Meiwes habÃa filmado todo el proceso, y el video, presentado en una sala cerrada, mostraba claramente la tortura y las mutilaciones. Según The Guardian, para el fiscal Marcus Köhler, aquello no era un simple acuerdo; era un asesinato alimentado por el deseo de un hombre de actuar como “carnicero humanoâ€.Incluso después del juicio, el caso de Armin Meiwes siguió dando de qué hablar, al punto de inspirar documentales, libros y análisis sobre los lÃmites del deseo humano y la psique. No todos los dÃas un hombre devora a otro con el consentimiento de la vÃctima y una receta culinaria en mente.
Tras meses de deliberaciones y un segundo juicio en 2006, la justicia alemana lo condenó finalmente a cadena perpetua.