9 de octubre de 2024
Combatió en Malvinas y prometió �??servir�?� si sobrevivía a la guerra: es masajista y recorre el país en su consultorio itinerante
Juan Carlos Gutiérrez es veterano de la guerra del Atlántico Sur y en 2009 se mudó a España, pero la pandemia de covid-19 lo hizo regresar a Argentina. Hace cuatro años convirtió un colectivo en su casa y espacio de trabajo: visita los pueblos más humildes y alejados para ayudar a aliviar el dolor de los pacientes
“En 2009 me fui a España. Llegué primero al PaÃs Vasco como masajista y ahà aprendà otras seis técnicas europeas de masajes. Fui a estudiar lo que acá no se enseña como, por ejemplo, sacar una artrosis de rodillaâ€, asegura sobre la importancia de lo que aprendió. En ese tiempo, también comenzó a echar raÃces en el Viejo Continente: se casó con una española, a quien 11 años más tarde un cáncer de páncreas agresivo le arrebató la vida en sólo dos meses.
“Viajo por todo el paÃs ofreciendo masajes terapéuticos. Esto para mi es una misiónâ€, le cuenta a Infobae desde Zapala. Oriundo de Quilmes, de 63 años, junto a su mujer Pamela y la hija en común (de 3 años), emprenden un recorrido que los lleva lejos de las grandes ciudades. Carlos busca las zonas más alejadas, en el campo, sobre todo, porque sabe que allà hay trabajadores rurales afectados fÃsicamente por el tipo de labores que realizan y que, por distintas cuestiones, no consultan a los médicos. O que pese a haberlo hecho, no tuvieron una cura para sus dolencias. También atiende a jubilados.
“Cuando estudié en España, donde me cambió la vida, aprendà cómo curar las artrosis de rodillas y caderas, las hernias de disco, por ejemplo. Esas son dolencias para las que acá la gente toma pastillas o se operaâ€, lamenta y explica su técnica: “Yo trabajo con masajes: desbloqueo el músculo —que ni los masajistas ni los fisioterapeutas los tocan—. En el caso de una hernia de disco, desbloqueo los músculos piramidales, después hago estiramiento, masajes, abro las las vértebras y asà la hernia se va en cuatro sesiones, pero ya en la primera sesión saco los dolores. Viene mucha gente a verme con esos problemasâ€.
Se especializa en hernia de disco, en corregir la escoliosis, acomoda el hueso Atlas, en el cuello. Mejora las rodillas y las caderas con artrosis y asegura que puede quitar el padecimiento. Juan Carlos, no se posiciona en la vereda contraria de la medicación con calmantes para el dolor, pero no está de acuerdo con que esa sea la única solución que hoy se les ofrezca a las personas. “Llenan a los pacientes de remedios, que los calman un poco, pero no les soluciona nadaâ€, lamenta.Explicando un poco más qué hace, dice: “Lo que yo hago es tratar de sacar la inflamación con ventosas y a mano, todo a base de masajes. Estudié seis técnicas diferentes en varios paÃses europeos y con todas hice una fusión. Muchas personas me contaron que tuvieron tratamiento de 20 sesiones con otro profesional y que no les sacaron el dolor. Yo soy un instrumento, nada másâ€.
Considera que hay “algo más†que colabora con él. Y afirma: “A medida que viajo y curo a tanta gente, el Señor Jesús me da más energÃa. Cuando empecé tenÃa la energÃa muy baja, pero hoy siento que, gracias a Dios, puedo curar a todos. Bueno, en realidad, yo soy un instrumento —reitera—. La que cura siempre es la Fe y eso se lo digo a todos mis pacientes. Hay gente que, por ejemplo, llegó a verme y subió con mucha dificultad, pero al bajar estaba mucho mejor... Y ahà se nota el cambio. Hubo casos de pacientes tenÃan dolores por 4 o hasta 10 años de dolores que llegaron desahuciados y salieron muy contentos porque algunos pensaban que tenÃan que operarse y hasta que ya no caminarÃan másâ€.Consultado sobre a quiénes atiende, dice que a muchos jubilados y que les cobra “un valor que ellos puedan pagarâ€. También atiende a personas de todas las edades que lleguen hasta donde estacione su casa rodante.
“Esta es mi manera de atender. No tengo consultorio en Buenos Aires. Yo soy de Quilmes (salà de allà hace más de 10 dÃas) y cuando regrese será para descansar. Luego volveré a salir nuevamenteâ€, aclara y cuenta que esa es su modalidad de trabajo porque no le gustan “las grandes ciudadesâ€.Asà —en medio de los estruendos— fue el momento exacto en que Carlos comenzó a ser masajista. Cuando estaba en combate y las detonaciones lo ensordecÃan tuvo el mayor momento de introspección. “Le pedà al Señor Jesús que me salve. Hubo un momento puntual en el que recuerdo que miré al cielo y dije: Jesús, yo no me quiero ir todavÃa. ¡Si me sacás de acá, si me salvás, yo soy tuyo para toda la vida!’â€, revive emocionado el momento más crudo que le tocó enfrentar mientras sentÃa que su vida pendÃa de un hilo.
“¡Y me salvó! Al volver de la guerra, con 22 años, comencé a estudiar y me recibà de masajista. Sentà que lo que debÃa hacer pasaba por mis manosâ€, asegura emocionado el hombre que fue “apuntador de mar†durante el conflicto, que perdió a 60 compañeros en combate y que a los tres años del fin de la guerra perdió a su madre. “Asà inició mi carrera. No sé cómo, pero supe que la manera de hacerlo, de servirle, era ésta: usando mis energÃas, las que me fui ganando, a través de mis manos. Yo soy un instrumento, nada más. Por eso, es que cuando quise perfeccionarme y aprender cómo funciona el cuerpo humano, fui a España para estudiar Medicinaâ€, dice y asegura que a él, el recuerdo de Malvinas le hace sacar lo mejor de sÃ.Cuando llegó el covid-19, Juan Carlos comenzó a sentir temor porque cerca de él murió mucha gente, y temÃa por lo que podrÃa pasar si se quedaba y no dudó y regresó a Argentina. Al fin, todo lo aprendido pudo ponerlo en práctica.
Por eso, al llegar compró un colectivo chico y comenzó a viajar. El primer lugar al que se dirigió fue Córdoba. Pero, como le quedaba chico, compró un mini bus, al que le dio forma de vivienda y consultorio: la parte de adelante es la casa y la otra, el espacio donde atiende a sus pacientes. “Mi misión es ésta: curar a las personasâ€, finaliza convencido.