17 de marzo de 2023
Carlos Pedro Tadeo Blaquier, el gran símbolo de la complicidad civil con las dictaduras
A los 95 años murió el "Zar del Azúcar". Al frente del Ingenio Ledesma desde 1952, Blaquier no sólo fue amigo de Onganía y Martínez de Hoz sino que en la denominada Noche del Apagón de 1976 fue el responsable de 500 detenciones y la desaparición de 36 trabajadores. ¿La frutilla del postre? Según la documentación de la Escuela de Yoga de Buenos Aires, hasta sus 87 años habría sido cliente premium de la prostitución vip.
El magnate azucarero Carlos Pedro Tadeo Blaquier parecÃa bendecido por el don de la inmortalidad. Tal vez por esa razón, su inesperado fallecimiento, a los 95 años, fue un duro golpe para los editores de avisos fúnebres del diario La Nación, puesto que, ya al anochecer del 13 de marzo, tuvieron que publicar a contrarreloj unas 189 condolencias.
Entre éstas resaltan la de Mauricio Macri y Horacio RodrÃguez Larreta, junto a las de personajes tan disÃmiles como Domingo Cavallo y el sastre Gino Bogani, apretujados entre los empresarios más pujantes del paÃs, figuras del jet set, polÃticos de derecha y deudos con apellidos de prosapia.
Sin duda, un merecido homenaje a quien -entre otros logros– simbolizó la complicidad civil de la última dictadura, además de haber tenido una activa participación en el ejercicio del terrorismo de Estado. Su última victoria fue morir sin que el Código Penal lo importunara por ello.
El patrón del mal
En este punto es necesario retroceder al 8 de agosto de 2012. Aquel dÃa aún no terminaba de clarear, y Blaquier ya estaba en el tercer piso del Consejo de la Magistratura, sobre la céntrica calle Libertad. HabÃa llegado con anticipación para asà eludir la jaurÃa de movileros.
Su estampa tenÃa cierta semejanza con la del simpático Mister Magoo. Lo escoltaban cuatro abogados, dos hijos, un médico y el jefe de prensa del Ingenio Ledesma. Porque el “Zar del Azúcar†estaba a punto de ser indagado –en una videoconferencia enlazada con el despacho del juez federal Fernando Poviña, en Jujuy– por ciertos episodios ocurridos durante los años de plomo.
Era una situación que él –quien empezó a dirigir el ingenio en 1952, tras casarse con Nelly Arrieta, la primogénita de los dueños de la empresa– jamás imaginó para sÃ.
Los cargos en su contra: seis homicidios (entre estos, el de Luis Aredez, quien fuera intendente del pueblo jujeño de Libertador General San MartÃn, también conocido como Ledesma por ser la sede de su reino agroindustrial), además de “violación de domicilio, privación ilegal de la libertad y tormentos seguidos de muerte†durante la denominada “Noche del Apagónâ€.
Bien vale reparar en este episodio.
Entre el 20 y el 27 de julio de 1976 fue cortado el suministro eléctrico en la ciudad, mientras policÃas, gendarmes, militares y capataces de la empresa procedÃan al allanamiento y el saqueo de todas las viviendas. En vehÃculos de la empresa, 500 trabajadores, estudiantes y profesionales fueron llevados a los galpones del ingenio, donde permanecieron atados y encapuchados por tres meses, en medio de interrogatorios y torturas.
De los 500, sólo algunos recuperaron la libertad; el resto terminó en cárceles. Y 36 siguen desaparecidos.
Precisamente sobre ello Blaquier debÃa explayarse ante el juez, al igual que una veintena de militares y Alberto Lemos, un gerente de Ledesma.
Lo cierto es que el apego del “Tordo†–como sus allegados le decÃan– hacia los regÃmenes castrenses tenÃa una razón que excedÃa el tema represivo: beneficiado por la dictadura de Juan Carlos OnganÃa con el monopolio de la industria azucarera luego del cierre compulsivo de los ingenios tucumanos, Blaquier anudó fructÃferos lazos de intercambio con los siguientes gobiernos de facto. De modo que, por decantación, su imperio fue un sostén explÃcito de la dictadura que vio la luz el 24 de marzo de 1976.
Prueba de ello es su intercambio epistolar con el entonces ministro de EconomÃa, José Alfredo MartÃnez de Hoz. En una carta fechada a fines de 1978 se dirige a él con un efusivo “Querido Joeâ€, y no duda en expresar su “profunda admiración por “la recuperación de la Argentinaâ€. En esa misma hoja también se refiere a sus gestiones con “el señor Harry Stenbreder†–un influyente funcionario del Departamento de Estado norteamericano– para mitigar las sanciones económicas aplicadas por el presidente Jimmy Carter a la Junta Militar debido a sus crÃmenes.
El resurgir de la democracia no empañó el romance de Blaquier con los uniformados. Tanto es asà que convirtió nada menos que en jefe de Recursos Humanos de la empresa al hoy encarcelado brigadier Teodoro Ãlvarez, quien, durante el llamado “Procesoâ€, habÃa tenido un rol crucial en la persecución de quienes integraban la comisión interna de Ledesma.
Se podrÃa afirmar que su feudo de Libertador General San MartÃn es el único lugar del paÃs en el cual la dictadura no concluyó.
Al respecto, un episodio ilustrativo: durante un allanamiento realizado a mediados de 2012 en las oficinas centrales de la empresa, junto a legajos sobre trabajadores desaparecidos también fue hallado un escrito que da cuenta de trabajos de inteligencia efectuados por cuenta de la empresa en ¡2005! Se trata de un paper de 300 páginas sobre la marcha de aquel año en homenaje a las vÃctimas de la Noche del Apagón; junto a una minuta, hora por hora y dÃa por dÃa, de sus preparativos. Tal informe contiene una lista con nombres de todos los dirigentes que participaron en el recordatorio.
Semejante documento le fue exhibido durante su indagatoria. Su procesamiento fue el epÃlogo de dicho trámite.
Pero tres años después, la sala IV de la Cámara de Casación, integrada por Gustavo Hornos, Juan Carlos Gemignani y Eduardo Riggi, lo bendijo con una generosa “falta de méritoâ€, siendo el fallo apelado por la querella.
La Corte Suprema se tomó siete largos años para votar la revocatoria de Casación (con el voto en disidencia de Carlos Rosenkrantz, quien cultiva un lazo de amistad con la familia Blaquier).
Sin embargo, los abogados del anciano advirtieron entonces que él no se encontraba en condiciones de enfrentar un proceso oral a raÃz de un presunto deterioro cognitivo. En consecuencia, se le ordenó al Cuerpo Médico Forense (CMF) que se le realice los estudios correspondientes. Aquella dilación hizo que, al final, don Carlos Pedro no llegara al banquillo de los acusados.
Claro que por esos dÃas a él lo preocupaba otra situación embarazosa. Pero vayamos por partes.
Un hombre llamado Azúcar
No es una exageración afirmar que don Carlos Pedro era un hombre múltiple. En algunas librerÃas de saldos todavÃa se puede encontrar al menos tres obras ensayÃsticas de su autorÃa: “Pensamientos para pensarâ€, “El milagro griego†y “Los amores de LuÃs XIVâ€.
El tÃtulo del primero lo dice todo.
En el segundo supo volcar su lúcida mirada sobre el mundo helénico, destacando que esa civilización se erigió en “la gran conveniencia de limitar la cantidad de ciudadanosâ€. Y sostiene tal tesitura con un dato de suma utilidad para las sociedades contemporáneas: “En la antigua Grecia, los esclavos del Estado cumplÃan funciones de vigilancia y policÃaâ€. Un genio.
A su vez, el libro sobre el penúltimo monarca francés es, a todas luces, su texto más Ãntimo. Porque hace foco en la relación del protagonista con su favorita, Françoise d’Aubigné –más conocida como Madame de Maintenon–, con quien se unió en matrimonio morganático sin haberse separado de la reina MarÃa Teresa de Austria. Una alusión poco disimulada del vÃnculo simultáneo que él mismo mantenÃa con sus dos esposas, doña Nelly y Cristina Khallouf. Es que Blaquier se creÃa una reencarnación del Rey Sol.
Tanto es asà que su mansión La Torcaza, sobre la avenida Sucre, en las barrancas de San Isidro, es una versión desmejorada, casi naïf, del Palacio de Versalles. Sobrecargada con estatuas, mármoles de Carrara y un sauce llorón, este reyezuelo de cabotaje amasó bajo su techo, entre visitas de embajadores, dignatarios de la Iglesia y generales, la ilusión de hacer propia aquella frase acuñada por su Ãdolo: “El Estado soy yoâ€.
El tipo se jactaba de ser un pragmático del espÃritu. “La filosofÃa me fue muy útil en mi vida empresarialâ€, le soltó, al concluir el siglo XX, a su amigo, el marchand Ignacio Gutiérrez ZaldÃvar, en un programa televisivo que éste animaba en la ATC del menemismo. Esa vez también confesó: “En el fondo, soy muy románticoâ€, y con una leve sonrisa, se permitió el siguiente remate: “Soy un enamorado del amorâ€.
Pero, ya en el tramo final de su existencia –cuando sus abogados, en agosto de 2022, lidiaban por apartarlo de su juzgamiento en Jujuy–, aquella debilidad le provocó una impensada jaqueca.
Su detonante fue una simple noticia policÃaca: el allanamiento a la sede principal de la llamada Escuela de Yoga Buenos Aires (EYBA) y el arresto de su lÃder, Juan Percowicz, junto a una veintena de acólitos.
En realidad era una secta dedicada a reclutar mujeres con engaños para reducirlas a una situación de servidumbre y explotación sexual con el fin de ofrecerlas a una acaudalada cartera de clientes. Una suerte de “geishado VIPâ€, según la terminologÃa del propio Percowicz.
Pues bien, tal como consta en uno de sus biblioratos secuestrados por la policÃa, entre sus abonados más frecuentes resaltaba un tal “Azúcarâ€. Era nada menos que el apodo que ahà usaba Blaquier.
Dicha documentación, junto a las declaraciones de imputados y testigos, consigna que él supo usar los servicios que propiciaba la EYBA entre fines de la década del ’90 y 2014, hasta que –a los 87 años– renunció finalmente a los placeres arancelados de la carne.
Durante ese lapso, se dejaba caer tres veces por semana al bunker de la secta, un edificio en la calle Estado de Israel 4453, donde permanecÃa desde las 10:00 hasta las 17:30. Blaqier era para la EYBA el cliente más importante; de hecho, los libros contables de la organización registran “donaciones†suyas de hasta un millón de dólares,
La cautiva que él hizo suya dejó de convivir con las otras esclavas para ocupar un amplio departamento para ella sola en el cuarto piso. “Azúcar†no dudó en financiar la remodelación del inmueble y, particularmente, su nidito de amor, para conferirle la apariencia de un “châteauxâ€. Ocho años después de su última visita, cuando la policÃa irrumpió en el lugar, fueron encontradas sillas, servilletas y vajilla con las iniciales de Blaquier.
En el directorio del Grupo Ledesma se rumoreaba que el derrumbe de la EYBA lo habrÃa afectado más que la posibilidad de ser juzgado por genocidio.
Que el PrÃncipe de las Tinieblas se apiade de su alma.




