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22 de septiembre de 2014

El horror y el milagro, juntos en otro femicidio

Tras 80 horas de desaparecida, Paola Acosta fue hallada asesinada dentro de una alcantarilla. Su hija, viva. Hoy realizan marcha por justicia.


¿Por qué? Es una pregunta que se repite aquí o allá tratando de obtener una respuesta a la barbarie, el sin sentido y la aberración que significa la muerte de Paola Acosta, la joven madre de 36 años,  hallada sin vida ayer por la mañana en una alcantarilla de barrio Alto Alberdi, donde además fue encontrada en estado grave su pequeña hija, M., de sólo un año y 9 meses, que lucha por estas horas por su vida.
¿Era evitable? No había denuncias previas, ni casi relación entre el sospechoso y la víctima, sólo una niña de por medio, fruto de una relación ocasional, por la que iba a aportar una cuota alimentaria de 1.400 pesos mensuales. 
¿Hay responsables? La macabra historia comenzó a escribirse poco después de las 22 del miércoles pasado. Sin embargo, nadie notó la ausencia de Paola ni la beba hasta media mañana del jueves, cuando recién se alertó a las autoridades policiales y judiciales. Algunas voces, como las agrupaciones sociales y partidos de izquierda, reclamaban ayer la renuncia del fiscal Miguel Oyhanarte, que en principio habría dicho que la mujer se habría ido por su propia voluntad.
En ese sentido, se anticipó que hoy se realizará una nueva marcha por el centro de la ciudad, a partir de las 18, en reclamo de justicia.
En tanto, anoche familiares y allegados a Paola Acosta preparaban el último adiós en una sala velatoria del bulevar Mitre. 
Fue el peor final, pero quizás el más pensado, a medida que fueron pasando las horas de la desaparición de ambas, en la noche del miércoles en barrio San Martín.

Sospechoso de primera hora
El principal sospechoso, desde el primer momento, fue el padre de la niña, que esa noche fue el último que vio a Paola con vida. 
Gonzalo Lizarralde (33), acusado de los supuestos delitos de “homicidio calificado por el vínculo” y “abandono de persona”, colaboró desde el primer momento con los investigadores y el fiscal Miguel Oyhanarte, aportando su teléfono celular o computadoras, quizás con el objetivo de desviar las pesquisas.
Incluso, algunos comentarios indicaron que el representante del Ministerio Público hizo referencia a que la mujer se podría haber ido por su propia cuenta. ¿No podría haber ordenado una investigación sobre los movimientos del sospechoso en base al teléfono celular?
No obstante, el testimonio de un joven que realizaba delivery en la zona de barrio San Martín y el intenso peritaje a la camioneta Peugeot Partner que utilizaba Lizarralde -donde se hallaron al menos 14 manchas de sangre a pesar de un profundo lavado-, permitieron a la fiscal de turno, Eve Flores, resolver -ya el sábado por la tarde- que las pruebas hacían presumir la peor sospecha, por lo que imputó y ordenó la detención de Lizarralde.

Horror y milagro, juntos
Un llamado de vecino de la avenida Zípoli y la calle Igualdad puso en alerta a las fuerzas policiales, cerca de las 8 de la mañana del domingo. En pocos minutos, los policías llegaron al lugar y se encontraron con el macabro cuadro.
El cuerpo de Paola se encontraba tirado en el fondo de la alcantarilla, y debajo de ella la pequeña M. aún con vida. 
En principio, se presume que la mujer habría sido apuñalada en más de una ocasión, poco después de ser raptada en la noche del miércoles. Luego la habría arrojado, quizás agonizando, a la alcantarilla. 
Lo mismo habría hecho con la niña, hija del sospechoso y cuya paternidad había sido confirmada por un estudio genético semanas antes, a quien no se animó a matar o quizás golpeó -provocándole una fractura de fémur- y creyendo que habría muerto la arrojó. Pasaron poco más 72 horas a su suerte, por lo que muchos consideran que hallarla viva fue un milagro.
La pequeña M. estaba internada anoche en la terapia intensiva del Hospital de Niños en estado reservado.


 

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