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ECOLOGIA

30 de agosto de 2015

La nanotecnología jugará un rol clave en vacunas y agroquímicos

En el congreso de Aapresid, investigadores del INTA y el INTI contaron las innovaciones que se están utilizando en el campo y adelantaron lo que viene.


La nanotecnología está abriendo una enorme puerta para el horizonte del agro, porque puede mejorar la eficiencia de algunas vacunas contra las enfermedades que sufren los rodeos, reducir las aplicaciones de insecticidas en los cultivos y aumentar el poder de fuego de los fungicidas para controlar a los hongos patógenos que reducen el rendimiento de los cultivares, entre muchos otros desarrollos.

“Es una tecnología disruptiva, que tiene el potencial de hacer más grande la brecha entre las naciones que la incorporen de aquellas que no lo hagan. Hay que subirse a la ola”, planteó Ana Laura Zamit, licenciada en Genética de la Universidad de Misiones y experta del INTA en el marco de un simposio sobre Agronanotecnología que se desarrolló en el Congreso de Aapresid, que se realizó hace unas semanas en Rosario.

 

La nanotecnología es el estudio y manipulación de la materia a escala nanométrica; es decir a nivel de los átomos y las moléculas. Un nanocable es 1.000 veces más pequeño que un cabello y lo interesante es que en esta dimensión aparecen propiedades distintas en los materiales y sustancias.

 

La “nanoplata” (plata a escala nanométrica), por ejemplo, tiene propiedades antibacterianas y se agrega a las medias para reducir los olores. Con esta tecnología, también se han desarrollado parabrisas que repelen la lluvia y hasta pelotitas de tenis que duran más tiempo.

 

En la Argentina, un equipo de investigadores del INTA y del INTI patentó una vacuna contra la brucelosis bovina, junto a institutos de Estados Unidos e Italia, que tiene la enorme ventaja de llevar el antígeno vacunal a donde tiene que ejercer la protección en el organismo.

 

“Lo que se está investigando ahora son innovaciones para los fitosanitarios, con el objetivo de aumentar los rindes de las cosechas, minimizando la cantidad de agroquímicos que se utilizan para reducir la frecuencia de los tratamientos”, explicó Laura Hermida, experta en Biotecnología y especialista del INTI en esta área, que también disertó en el congreso de Aapresid.
Los científicos quieren aumentar con nanotecnología la solubilidad de los principios activos de los agroquímicos para mejorar su capacidad de absorción y que vayan el sitio exacto en el que tienen que ejercer la acción de control.

“En Estados Unidos se utilizaron microemulsiones de tamaño nano para controlar hongos en la cebada y mejorar el poder de acción del fungicida. También se probaron micelas poliméricas en un insecticida de alta toxicidad (Carburán), que prolongaron la liberación del producto en el tiempo, para bajar el número de aplicaciones”, contó Hermida.

 

Las nanopartículas de plata, las mismas que sirven para atacar el “olor a patas” en las medias, también se están probando en fungicidas contra hongos en arroz, con resultados muy alentadores, ya que redujeron el porcentaje de hojas dañadas entre un 20% y un 80%. Los nanotubos de carbono se ensayaron en tomates, como fertilizantes, e incrementaron la capacidad de la planta para capturar agua, pero generaron polémica por su potencial toxicidad.

 

“Es un tema que hay que estudiar bien. Hay materiales que no son tóxicos en tamaño normal y si a escala nanométrica, porque pueden llegar al núcleo de organismos vivos. Los más tóxicos suelen ser los basados en carbono y hay que tener cuidado con la bioacumulación”, advirtió la experta del INTI.

 

En el simposio, Eduardo Fabret, investigador del Instituto de Suelos del INTA, adelantó que pueden surgir innovaciones muy interesantes de la Biomimética, un área que investiga los sistemas biológicos de insectos y animales como fuente de inspiración para desarrollos tecnológicos. “En la naturaleza hay diseños de 3.800 millones de años que se pueden utilizar para innovar”, aseguró.

 

Favret contó que se está estudiando el sistema de tracción del bicho “torito” para analizar sus posibles aplicaciones a la maquinaria agrícola, los ojos de las polillas -que no reflejan la luz- para lograr mayor eficiencia en los paneles fotovoltaicos (solares) y las características del escarabajo del fuego, que deposita sus huevos en maderas incendiadas, para producir mejores sensores para detectar incendios.

 

Parece ciencia ficción, pero algunos de estos productos llegarán en los próximos años a los lotes argentinos.


 

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