9 de mayo de 2022
A 35 años de la Masacre, Budge no olvida y convirtió la furia en organización
La tarde del 8 de mayo de 1987, Germán “Quique†Arévalo salÃa de Ingeniero Budge, en Lomas de Zamora, para ir a la escuela secundaria nocturna en Once. Alrededor de las 17:30, cuando iba a tomar el colectivo, vio pasar a sus amigos AgustÃn Olivera, Oscar Aredes y Willy Argañaraz. Charló con Oscar y siguió viaje. Al volver se enteró lo que habÃa pasado una hora y media después de ese encuentro: los tres fueron acribillados por policÃas bonaerenses que luego intentaron simular un enfrentamiento. “Una bronca, una congoja, una cosa inexplicable en todos los vecinosâ€, recuerda 35 años después, en un barrio que se ocupa de mantener vigente el recuerdo de la Masacre de Budge, por la que desde hace una década se instauró el 8 de mayo como DÃa Nacional de la Lucha contra la Violencia Institucional.
Quique está en la esquina de Guaminà y Figueredo, ahà donde pasó todo. Donde hoy la SecretarÃa de Derechos Humanos de la Nación instalará una señalización, mientras muralistas del grupo NN Arte Urbano pintan los rostros de las tres vÃctimas y la leyenda “Budge no se olvida†sobre una fachada cedida por un vecino. Quique recuerda que la furia barrial se transformó en organización en cuestión de horas. “Al otro dÃa nos reunimos, autoconvocados, los vecinos en el lugar. Ahà tomamos la decisión de formar una comisión. Esto pasó un viernes, y el sábado ya estábamos armándola. Uno trajo telas, otro cañas, otro pintura y empezamos a hacer pancartas y banderas. Eso fue el origen de todoâ€, cuenta sobre el nacimiento de la Comisión de Amigos y Vecinos (CAV).
AgustÃn y Oscar, de 26 y 24 años, estaban tomando cerveza en esa esquina. Por allà pasó Willy y se quedó. Antes habÃan estado en un bar, donde habÃa habido una discusión y un vidrio roto. Por eso, alguien llamó a la policÃa. Llegaron a esa esquina el suboficial Juan Ramón Balmaceda y los cabos Isidro Romero y Jorge Miño. Abrieron fuego sin mediar palabra. AgustÃn y Oscar cayeron fulminados. A Willy, con un disparo en una pierna, los policÃas lo subieron a un vehÃculo. Cuando fue hallado, tenÃa tres tiros en la cabeza. Los cuerpos estaban rodeados de armas plantadas para intentar falsear algo que habÃa ocurrido a la vista de todos.
“Fue un asesinato en la cara de los vecinos. La gente salÃa a hacer sus compras, o volvÃa de sus trabajos, era una hora muy transitada. Y lo que lo llevó a ser tan conocido y tan preponderante en la prensa es la pueblada. Los vecinos peleando casi cuerpo a cuerpo con la policÃa por lo que habÃan hecho. TenÃamos todo el aparato estatal en contra y en complicidad con los asesinos. Nosotros éramos pibes comunes y silvestres que parábamos en la esquinaâ€, recuerda Quique.
Del grupo de 20 amigos que comenzaron a militar por entonces, solo quedan cinco. Cada año, cuando se acerca mayo, comienzan a preparar actividades. Se suman organizaciones sociales y polÃticas, vecinos y vecinas. “Estuvimos 35 años tratando de mantener vivo el recuerdo, tratando de poner en claro que estas cosas no sucedan nuevamenteâ€, acota.
Silvia Vilta, otra vecina del barrio, se acerca a la esquina del mural. Como trabajadora de la educación para adultos en la provincia de Buenos Aires, impulsó una propuesta para que se trabaje sobre el tema cada 8 de mayo. El Centro de Estudio de Nivel Superior (CENS) N° 462, por caso, preparó sus trabajos sobre la Masacre de Budge que van a exponer hoy. “Fue un episodio que movilizó mucho al barrio, era muy cotidiano levantarse y escuchar que la policÃa habÃa asesinado a algún joven. Eran los primeros años de la democracia y quedaban esas prácticas propias de la dictadura en la Bonaerenseâ€.
Balmaceda y Miño fueron condenados por “homicidio en riña†en 1990. Esa sentencia luego resultó anulada por la Corte Suprema provincial. En 1994 se realizó otro juicio y todos terminaron condenados a once años de prisión, pero fueron excarcelados a la espera de una sentencia firme y se profugaron. Romero logró ser recapturado en 1998. Miño y Balmaceda, en 2006. “Se evitó que esto quedara como una causa armada que pretendÃa dibujar un enfrentamiento –evoca Vilta–. La reacción popular fue lo que evitó que eso quedara asÃâ€. «
Violencia institucional: «La situación es preocupante y se va a profundizar»
La Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (Correpi) cree que más allá de unos gestos positivos al comienzo de la presidencia de Alberto Fernández, la violencia institucional no bajó. «Estamos en una situación muy preocupante y con claros indicios de que se va a profundizarâ€, remarca la referenta de la organización, MarÃa del Carmen Verdú. “En promedio, hay un asesinato cada 17 horas de personas desarmadas. Personas que no deberÃan haber muerto porque no generaban ningún tipo de peligro para quienes las ultimaron siendo fuerzas de seguridad». Menciona modalidades como “el gatillo fácil, el fusilamiento en las calles, las muertes en lugares de detención, los femicidios de uniforme y las desapariciones forzadas de personasâ€.
Verdú subraya las muertes en situación de encierro: “Se debe a una polÃtica de mayor nivel de carcelación y a la negativa a escuchar los reclamos. HacÃa muchos años que no veÃamos muertes en medio de una represión a la protesta carcelaria. Durante la pandemia tuvimos cuatro casos». En los lugares de encierro también creció exponencialmente la cantidad de muertes por falta de atención médica.
“El 66% de los casos de gatillo fácil y el 95% de los femicidios cometidos por miembros de fuerza de seguridad ocurren con el arma reglamentaria. Todo eso se puede evitar con una resolución, ni siquiera hace falta una leyâ€, soslaya Verdú, y si bien diferencia al macrismo del actual gobierno, destaca: «Hubo una diferencia abismal entre los primeros meses de la actual gestión hasta lo que ocurrió después del 20 de marzo de 2020». Y afirma que la represión a la protesta social y las detenciones arbitrarias se mantienen: las fuerzas policiales, con la anuencia de los funcionarios judiciales, “llegan a justificar detenciones bajo las figuras de intimidación pública, e incluso asociación ilÃcitaâ€.

