2 de mayo de 2022
La prevención de la violencia de género es "un gran debe" en América Latina
La prevención de la violencia de género es "un gran debe" en América Latina y el Caribe, donde predomina la cultura machista y son necesarias polÃticas integrales con una mirada interseccional y de género que construyan paz social y no sólo trabajen con las vÃctimas, estimó la directora adjunta de ONU Mujeres en la región, la uruguaya Cecilia Alemany.
En diálogo con Télam, la responsable de Naciones Unidas se refirió también al empobrecimiento y los retrocesos sufridos por las latinoamericanas con la pandemia y destacó la importancia del Gobierno "paritario, feminista y joven" de Gabriel Boric en Chile y el avance de la marea verde en la región.
Télam: ¿Cómo calificarÃa la situación de las mujeres en la región?
Cecilia Alemany: Es diversa, porque al interior de la región y de los paÃses tenemos brechas que afectan a las mujeres de forma diferente. Pero, en general, podemos decir que la crisis de la Covid-19 vino a exacerbar una crisis previa. Empezó como una crisis sanitaria que se volvió una crisis social, económica y en algunos paÃses una crisis de gobernanza también, con lo cual las mujeres se vieron afectadas de muchas formas. Estamos hablando de un aumento de la pobreza en estos dos años que afecta particularmente a las mujeres y, en especial, a aquellas que ya eran las más pobres. AhÃ, además, en América Latina tenemos un corte de discriminación étnico-racial que hace que las mujeres afro y las indÃgenas vieran empeorar más su situación socioeconómica. La violencia machista también se vio exacerbada en estos últimos años. O sea que, lamentablemente, las latinoamericanas están con menos perspectivas de futuro en muchos casos. Pero también hay un mayor debate social sobre la crisis de los cuidados, que en definitiva requiere de redistribuir, de corresponsabilidad y de un rol muy activo de toda la sociedad y el Estado en garantizar los sistemas adecuados. Salimos con esta idea de que precisamos sistemas nacionales de salud y también sistemas nacionales de cuidados y esto da esperanza en el mediano y largo plazo de que se pueda cambiar la visión de la protección social en la región.
◠Las desigualdades en los entornos laborales son múltiples y afectan el desarrollo de mujeres y LGBTI+.
La brecha salarial es una de ellas.
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T: La pandemia supuso además importantes retrocesos en derechos ya consagrados por las mujeres, ¿cuáles son las cuestiones más urgentes a abordar a nivel regional y cómo hacerlo?
CA: El derecho a una vida libre de violencias sigue siendo una preocupación principal en la región para las mujeres, más aún, para aquellas que tienen vulnerabilidad económica. O sea, se vincula a la necesidad de abordar pactos nacionales contra la violencia de género, no solo con las leyes integrales marco que tenemos, sino realmente fortalecer los sistemas de prevención y respuesta. Hay que transformar la justicia, trabajar mucho su acceso a los más desfavorecidos, pero también el cambio de estereotipos del sistema judicial y de todo el ecosistema de prevención de violencia, porque está la llamada violencia institucional, que se reproduce a lo largo de todo el ciclo. Hay que fortalecer el cambio de mentalidad en quienes responden, tanto desde la policÃa como del sistema judicial, y también cambiar la percepción y la educación. En la medida en que no incorporemos en la educación formal e informal un valor sobre cómo vivir en armonÃa y construir otro tipo de relaciones sociales y de masculinidades es muy difÃcil, porque la cultura de la violencia se reproduce en muchos ámbitos. Entonces tenemos que pensar en polÃticas integrales para construir paz social y sociedades libres de violencia que vayan de la mano de una mirada de interseccional y de género, pero que apunten también a trabajar no solo con las vÃctimas, sino con la prevención. Esto nos falta mucho en América Latina, la prevención es un gran debe.
T: ¿Por eso persiste este problema pese a la creciente visibilización de la lucha contra la violencia de género en la región?
CA: Sà y además porque predomina una cultura machista en la polÃtica, en la sociedad, en el deporte, en la economÃa... Empezamos a cambiar estas visiones de alguna forma autoritarias y machistas de la construcción de la sociedad y las polÃticas públicas poniendo perspectiva de género en el Estado, el presupuesto y las polÃticas, pero todavÃa hay un predominio machista del ejercicio del poder que se reproduce desde el ámbito educativo hasta el debate público. Está visto en todo el mundo que cuantas más mujeres ocupan los espacios de toma de decisión, se va transformando esta perspectiva machista del diseño de las soluciones y el análisis de los problemas de la sociedad. Entonces tiene que ver con participación también, aunque sola, sin polÃticas, tampoco es la solución. Tenemos que tener sistemas que hagan prevención y respuesta, polÃticas públicas con transversalización de género y una dimensión interseccional de cómo afecta de forma distinta a las mujeres. Es un desafÃo enorme.
Ya hablamos del piso pegajoso. ¿SabÃas que también existen las paredes de cristal?
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T: Con respecto a la participación polÃtica femenina, en Chile asumió el Gobierno de Gabriel Boric, el primero en autodenominarse como feminista en la región. ¿Qué importancia cree que podrá tener a nivel regional?
CA: Miramos con mucha atención no solo que el gobierno actual de Chile se autodenomina como feminista, sino también que tiene un gabinete más que paritario. Es la primera vez en la región que tenemos un gobierno que se constituye con más mujeres a nivel ministerial que hombres. Realmente, es muy innovador. También tiene otro cambio interesante que es que el Ministerio de la Mujer forma parte del gabinete polÃtico. Es decir, no es un ministerio secundario, sino que está en el centro de la toma de decisiones permanente del gabinete del presidente. Eso es muy importante porque va a permitir no solo la transversalización de género, sino también la transformación. Empezar a mirar las decisiones más estratégicas y polÃticas desde una perspectiva igualitaria y feminista -en este caso-, que va todavÃa más allá. Eso lo vemos con mucho interés porque gabinetes paritarios solo veÃamos en otras partes del mundo y en la región es un gran cambio. Obvio que hay muchos antecedentes: el primer paÃs que puso la cuota para las mujeres en la polÃtica fue Argentina en 1991. O sea, la región no es ajena a esta visión transformadora de la polÃtica. Sin embargo, son procesos en general lentos y, en el caso de Chile, lo impresionante es también el recambio generacional. Vemos la constitución de un gabinete profesional más que paritario y muy joven para lo que es la cultura polÃtica de la región.
T: En estos años hubo también un firme progreso de la lucha por los derechos reproductivos en América Latina, ¿cómo valora el avance de la marea verde en la región?
CA: En su momento, escribà un artÃculo sobre cómo la marea verde inspiraba al resto de la región y al mundo y lo comparaba con lo que habÃa significado mayo del 68 para otra generación. La marea verde podÃa ser también una forma diferente e intergeneracional, con una fuerte participación de las jóvenes, que reivindicaba tomar el espacio público de otra forma en el siglo XXI. HabÃa una conjunción de elementos que iban más allá de la agenda de derechos sexuales y reproductivos y que tenÃan que ver con una nueva forma de organización social. Ver un movimiento social feminista diverso y con la agenda de la diversidad también en las calles y logrando un derecho que para nosotros es elemental era realmente inspirador y los movimientos también se inspiraron. A cada lugar de América Latina que vayas, te vas a encontrar que alguien tiene el pañuelo verde, algo que hace referencia a cómo generaron esperanza y que permitió que se reprodujera en México y otros paÃses. De alguna forma, fue inspirador y sigue siéndolo.
El sistema de cuidados permite mejor inserción laboral
La directora adjunta de ONU Mujeres en la región, la uruguaya Cecilia Alemany, consideró en una entrevista con Télam que la reestructuración del sistema nacional de cuidados podrÃa ser una solución a las casi dos décadas de retroceso laboral sufrido por las latinoamericanas durante la pandemia, ya que permitirÃa una mejor inserción de las mujeres en el mercado de trabajo, además de la generación de nuevos empleos.
Télam: Con la pandemia hubo un retroceso regional de 18 años en la participación de las mujeres en el mercado laboral, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). ¿Impulsar una reestructuración del sistema de cuidados podrÃa ser una respuesta?
Cecilia Alemany: SÃ, está demostrado en otros paÃses del mundo que ayuda a una mejor inserción en el mundo del trabajo y además genera empleo en sà mismo. Muchas veces algunos de estos empleos preexisten de forma informal. Por supuesto, depende de los distintos contextos y de cómo se conciba ese sistema nacional de cuidados. Pero este sistema genera lo que llamamos los ingresos directos e indirectos. Directos por la vÃa de las contribuciones de estos nuevos empleos e indirectos porque estás generando mejores condiciones de trabajo no solo para las mujeres o las personas que eran cuidadoras en su casa, sino también para este nuevo sector. O sea, es un sector generador de empleo que a la vez consume más y tiene más capacidad. Entonces, ahà tenés los otros impuestos indirectos que también recauda el Estado. De alguna forma, se retroalimenta el sistema a sà mismo.
T: Es darle una formalidad a un sistema informal...
CA: Y ampliar la oferta de empleos también. Hace poco Cepal hizo unos estudios en este marco de cómo las mujeres que tienen que resolver solas sus cuidados están más endeudadas que aquellas que tienen soluciones de otro tipo. Entonces, el hecho de que no tengamos sistemas nacionales de cuidados afecta la posibilidad de inserción laboral y la pobreza del tiempo de las mujeres y también estamos educando a las nuevas generaciones en una visión sesgada de que el cuidado lo tienen que hacer las mujeres. Y bueno, al final afecta todo: la economÃa, la productividad y también la salud.
T: A nivel regional, ¿hay algún paÃs modelo al respecto?
CA: Siempre tengo cuidado en hablar de modelos porque son inspiradores, pero no siempre se pueden trasladar porque conjugan distintas realidades. Sin embargo, el paÃs que está más avanzado en tema de sistemas nacionales e integrales de cuidados es Uruguay porque hubo un trabajo desde hace más de una década de hacer este camino que hoy están transitando otros paÃses de la región, como Argentina, Chile, Colombia y Panamá. Se están discutiendo estos mismos temas en Paraguay, Perú y México, pero el que tiene el sistema nacional integrado más consolidado es Uruguay, que sà es un referente. Hoy en dÃa ya se habla a nivel mundial cuando discutimos cuidados porque es un problema que la crisis dejó para el mundo, no solo para América Latina.
T: La reestructuración de la sociedad del cuidado será justamente el tema de debate central de la XV Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, que se celebrará en noviembre en Buenos Aires. ¿Por qué se eligió Argentina como paÃs anfitrión?
CA: La Conferencia Regional sobre la Mujer tiene 45 años, es un espacio intergubernamental donde todos los gobiernos de América Latina y el Caribe se reúnen cada dos años aproximadamente a acordar estándares de la región de los temas que son relevantes para la igualdad de género. Y con la crisis de Covid-19, cuando nos encontrábamos en lÃnea todos los paÃses de la región traÃan esta preocupación. La presidencia de este foro la tiene Chile y junto a otros paÃses propusieron que se traspasara a Argentina, en parte también porque hay un debate en este momento sobre avanzar en el Sistema Nacional de Cuidados. Acá hay todo un tema de reconocer quién puede aportar a este debate y además tiene interés en que se dediquen recursos.
