29 de abril de 2022
Mirta Acuña de Baravalle, una de las fundadoras de Madres: "Volvería a hacer lo mismo"
Mirta Acuña de Baravalle buscaba hace 45 años en soledad a su hija, Ana MarÃa Baravalle embarazada y a su yerno Julio César Galizzi, en el contexto de un paÃs paralizado por la represión ilegal y el terrorismo de Estado que ejercÃa la última dictadura militar hasta que se sumó a un grupo de grupo de mujeres que atravesaban la misma situación y decidieron congregarse una vez por semana en Plaza de Mayo para reclamar que les digan dónde estaban los desaparecidos.
Mirta formó parte del primer grupo de 14 mujeres que se reunieron por primera vez en la histórica Plaza el 30 de abril de 1977, y que más tarde conformarÃan las Madres de Plaza de Mayo, que con el correr de los años se convertirán en una emblemática organización de derechos humanos que denunció el plan sistemático de violaciones a los derechos humanos que impuso el régimen militar.
Ante un nuevo aniversario del surgimiento de Madres, Mirta aseguró en una entrevista con Télam Radio que "volverÃa a hacer lo mismo" que hizo en aquella oportunidad cuando decidió salir a pedir información sobre sus familiares, en un paÃs paralizado ante el terror, el silencio y las ausencias que se multiplicaban.
Télam Radio- ¿Cómo se organizó ese grupo de Madres para estar en la Plaza por primera vez?
Mirta.Acuña de Baravalle - Cuando nos juntamos, el 30 de abril de 1977, habÃan pasado varios meses desde que se llevaron a Ana y a Julio César, quienes fueron secuestrados el 27 de agosto de 1976. En Durante esos meses estuve buscándolos por todos lados. Aquel primer dÃa empezamos por ir a la comisarÃa, y luego fui a la iglesia de Lourdes a pedir una misa, Recuerdo que cuando le dije al cura que mi hija estaba desaparecida, me respondió: "otro más". No le di importancia porque pensé que se referÃa a "otra" misa, pero no.
Ana MarÃa tenÃa 28 años al momento y Julio César 24 cuando fueron secuestrados en un domicilio de la localidad de San MartÃn. La joven estaba embarazada de cinco meses y se supone que su hijo o hija nació en cautiverio. Hasta el momento, todos se encuentran desaparecidos.
Mirta presenció la captura de su hija y yerno, y la búsqueda de su nieto o nieta la llevó a formar en octubre de 1977, el primer grupo de Madres que luego formarÃan Abuelas de Plaza de Mayo, la entidad que trabajarÃa de forma denodada para recuperar a los niños que nacidos en cautiverio vivieron durante muchos años con identidades fraguadas por padres apropiadores.
"Al lunes siguiente de los secuestros de Ana y Julio César fuimos al juzgado Número 2 de San MartÃn para hacer la denuncia. Recuerdo que el empleado que nos la tomó, cuando nos fuimos, hizo un gesto con la mano como cortándose el cuello. Yo no entendÃa por qué. Luego fui a la cárcel de Devoto donde habÃa una fila de personas que iban a ver a presos polÃticos. Todos los dÃas iba yo a ver si habÃa novedades y allà me decÃan que cuando las chicas tenÃan su bebé, a los seis meses, se los entregaban a las familias. Con esa esperanza iba todas las mañanas a la cárcel y por las tardes a la comisarÃa, pero no habÃa datos. A principios de marzo fui a la Casa Rosada y allà vi a cuatro o cinco mujeres paraditas. Al cruzar la plaza una me preguntó dónde iba y me pide que al salir fuera con ellas. Entonces vi que una señora entra y me doy cuenta de que estaba en mi misma situación. Hablo con ella y me dicen que a todas les pasa lo mismo. Conversamos un rato y vinieron soldados con itacas, a decirnos que tenÃamos que irnos porque habÃa estado de sitio", recuerda Mirta a lo largo de la charla.
TR - ¿Y qué pasó después?
MAB- Nos abrimos de ese grupito y cada uno se fue por donde tenÃa que ir a tomar el colectivo. Para el lado por donde me fui habÃa una fuente con un banco circular. En ese banco nos sentamos cinco mujeres .Yo no las conocÃa y la que estaba en el medio sacó un tejido, y se puso a tejer. Era Azucena Villaflor (una de las fundadoras de Madres que luego fue secuestrada y asesinada en diciembre de ese año), y nos dijo: "Si vienen digamos que estamos tomando sol". TodavÃa no sabÃamos qué Ãbamos a hacer. Entonces vinieron dos soldados e insistieron en que tenÃamos que circular. Una de ellas me tomó del brazo. Después me enteré que se habÃan llevado a su hijo de 17 años.
TR: -¿Cómo volvieron a encontrarse?
MAB -Ese dÃa de marzo no pasó nada porque cada una se fue a su casa ya que no nos conocÃamos tampoco. Cuando el 24 de marzo de ese año que se cumplÃa un año del golpe de Estado se hizo una ceremonia en la iglesia Stella Maris. Fuimos y nos reconocimos. Me reencontré a Azucena que era la promotora. Pero, cuando fuimos al costado de la iglesia y vimos a (el general Jorge Rafael) Videla, el brigadier Orlando) Agosti y (el almirante Emilio) Massera, los tres integrantes de la Junta Militar. Cada uno en un reclinatorio rojo. El cardenal (Juan Carlos) Aramburu les habÃa hecho la misa en conmemoración por el año del golpe y eso nos dio mucha indignación. Nos fuimos y ahÃ, entonces surgió todo. Fue Azucena la que originó esa cita para encontrarnos el 30 de abril en la Plaza de Mayo. Ella decÃa "si somos muchos, Videla por ahà nos escucha".
TR -¿Tuvo miedo alguna vez?
MAB -Nunca tuve miedo. Yo estaba al margen del miedo, llegaba a mi casa a las 12 de la noche y mi marido siempre me esperaba. A veces me encontraba en lugares donde me preguntaba cómo hacer para regresar. ConocÃa el centro porque trabajé, pero no estaba acostumbrada a tomar colectivos hacia otros lugares.
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TR -¿Logró reunir algo de información con esas primeras rondas?
MAB - No, no nos daban, nunca supe nada. El dÃa de su secuestro, Ana habÃa ido al médico para control de su embarazo, y estaba esperándola. Llegó cerca de las 8 de la noche y me dijo: "Mami, el médico me felicitó por tener un embarazo tan perfecto y dijo que el bebé iba a nacer a fines de diciembre o principios de enero".
TR -¿Cómo fue la noche del secuestro?
MAB -Recuerdo que ella se fue a la cocina y decidimos jugar al Scrabble. HabÃa un hermano mÃo presente... Y Julio Cesar (su yerno), me dijo que iba a cebar mate. Cuando jugábamos sentimos movimientos, pasos en los techos. Salà y vi que en la casa de al lado que habÃa una medianera baja, habÃa gente asomada. "Parece que al lado hay problemas. No sé si son policÃas" y Ana me pidió que entrara. Yo la obedecÃ. En eso, abren la puerta y aparecen soldados con armas largas. Revisaron todo el lugar, y a nosotros. Ese dÃa habÃan estado en otras cuatro casas vecinas. Entonces escuchamos en la puerta golpes, yo salà corriendo por la galerÃa pero ahà me agarraron. Alcancé a ver la cara de uno de ellos. Me apuntaban en la cabeza mientras me preguntaban "¿Quién es Ana?", y ahÃ, Ana que estaba escuchando aparece en el vestÃbulo y dice "soy yo". Entonces me sacaron la escopeta que me habÃan apoyado en la cabeza y uno de ellos le dijo a otro que trajera a la chica. Julio Cesar estaba escondido, pero tenÃamos un perrito un boxer cachorro y el boxer lo descubrió. Luego pude reconocer a varios de los secuestradores. Los vi un dÃa en La Plata, cuando salÃa de una comisarÃa y al cruzar la calle veo dos autos, y a cuatro o cinco personas. Ahà estaban los que habÃan estado en mi casa, No entré a la comisarÃa. Nunca me olvidé de esas caras.
TR: -¿Qué sentÃa en esos años, luego de cada dÃa de búsqueda?
MAB - Cada dÃa era como si fuera el primero. Mi marido no lo pudo superar. Murió en 1978, el dÃa en que Argentina ganó el Mundial de Fútbol.
TR - A 45 años del comienzo de las rondas en Plaza de Mayo sigue buscando a su nieto o nieta..
MAB - SÃ, yo le digo Camila o Ernesto, o también se pudo haber llamado Eugenio porque cuando Ana tenÃa 17 años solÃa ir a visitar a una primita en el Hospital de Niños y allà conoció a un nene muy pobre del que se encariñó, y al que cuidó hasta que murió. Se llamaba Eugenio, tenÃa cinco años y ella todos los dÃas iba temprano para darle de comer. Ese año pasó la Navidad con él pero el 13 de enero el nene falleció. Eugenio podrÃa ser el nombre de mi nieto. Después una enfermera habló en un juicio de una madre embarazada en Campo de Mayo, para esa fecha donde estuvo ella, y de un nene que al nacer le pusieron ese nombre.
TR: -¿Hoy harÃa algo distinto a lo que decidió hacer cuando surgieron las Madres?
MAB -No. No me arrepiento de nada, harÃa lo mismo, pero ahora tendrÃa más sabidurÃa.
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