21 de marzo de 2022
Malvinas: ¿el gran aglutinador?
A despecho de sus contradicciones, de sus claroscuros, de los análisis jamás saldados que exceden el rodar de la pelota número 5, bien puede convenirse que a grandes rasgos dos son los elementos que aglutinan de un modo virtuoso a los hinchas argentinos, no ya entendidos como los pesados del tablón, sino como a los ciudadanos de a pie, los que en definitiva con su devoción jalonan y sostienen la gran historia del fútbol argentino: lo reivindicatorio de las Islas Malvinas y la revancha simbólica consumada por Diego Maradona en el Estadio Azteca.
Pensémoslo de la siguiente manera y sin concesiones edulcoradas: ¿cómo se inscribe el vÃnculo de la comunidad futbolera a grandes rasgos, en el dÃa a dÃa, cuáles son sus reglas de oro?
En general, desde hace unas cuantas décadas, en el contexto una progresiva declinación del reconocimiento del otro desde un lugar de fraternidad absoluta o relativa.
Prima la lógica del versus irreductible, la desconfianza, el recelo, cuando no el abierto rechazo, en fin, todo eso que Sigmund Freud dio en llamar, certeramente, "el narcisismo de las pequeñas diferencias".
Al parecer sólo "La mano de Dios" y "La jugada de todos los tiempos" y sólo Malvinas en su vertiente vindicatoria, en la evocación de los soldados caÃdos y en el repudio a los abyectos procederes de la Dictadura Militar, cierran filas los argentinos seguidores del fútbol y opacan las diferencias, o las ponen entre paréntesis en aras de una causa superior.
Inspirado en esta hipótesis, si se quiere optimista, Télam exploró las opiniones de tres especialistas en la argamasa de deporte y polÃtica: el periodista Ezequiel Fernández Moores, el sociólogo Pablo Alabarces y el filósofo del deporte César Torres.
Ezequiel Fernández Moores
"En principio coincido en que el fútbol y la noción de patria son refugios unificadores, también Malvinas, desde luego", admite Fernández Moores a la vez que advierte acerca del "problema latente de la manipulación, que no es un problema solamente argentino y que te obliga a ponerte en guardia. El fútbol es tan generoso, nos importa tanto y tanto ruido hace, que cualquiera puede subirse a la tribuna".
"Es cuanto menos discutible, aún cuando un tema tan delicado como Malvinas nos unifique, que por arte de gracia nos convertimos en un pueblo único que marcha hacia un futuro venturoso, al progreso y a la justicia. Recordemos si no, lo que pasó cuando Francia ganó el Mundial 98 con un equipo integrado por unos cuantos jugadores de origen africano. Los editoriales de los diarios franceses hablaban del advenimiento de una nueva Francia, pero resulta que tiempo después, en las elecciones, el socialista Lionel Jospin fue claramente desplazado por el derechista Jean Marie Le Pen", añadió Fernández Moores.
Luego repuso las tumultuosas contradicciones que le generó ser enviado por una agencia de noticias a cubrir el Mundial de Fútbol jugado en España, en 1982, "mientras el paÃs estaba en guerra. Fue una de las experiencias más difÃciles de mi carrera profesional".
"En una conferencia de prensa, en Valencia, le hice una pregunta incómoda a Joao Havelange, presidente de la FIFA, y como me bloquearon, me censuraron, el alcalde del ayuntamiento notó algo de mis palabras que le agradó, me invitó a tomar una copa y me dijo: ´Mire, debo confesar algo. SerÃa mejor que Argentina no ganara la guerra. Es una dictadura que se entronizará en el gobierno. Y nosotros recién estamos empezando la democracia, el posfranquismo, y tememos que si ganan ustedes, nuestros militares se envalentonen y vayan a Gibraltar.".
Pablo Alabarces
Ese interrogante sin respuesta, qué hubiera pasado de haber triunfado la tenebrosa aventura del dictador Leopoldo Fortunato Galtieri, también es motivo de inquietud del sociólogo Alabarces: "Aún con lo problemático que es, estoy de acuerdo. Tal vez, como alguna vez observó Beatriz Sarlo, nuestra sociedad nunca terminó de procesar el Mundial 78 y Malvinas, en términos de cierta sombra de culpabilidad con la Dictadura, con el Régimen".
A decir de Alabarces, ese efecto aglutinador de Malvinas opera con eficacia, pero desplazado: "Es decir, no se recuerda Malvinas con culpa. No se recuerda Malvinas remitidos al momento de la toma de las islas. Se recuerda a Malvinas con dolor, pero no con el dolor de un narcisismo herido. El dolor, la derrota, no se sienten tanto como el narcisismo de ´uh, perdimos una guerra´. Se siente más por el dolor por los muertos, por las vÃctimas y en torno de eso va el tironeo".
"En ese dolor, entonces, sÃ, la gesta de Maradona en México 86, por ejemplo, comporta una unanimidad bastante similar, y por el otro lado, es la relación con el partido con Inglaterra y lo que funciona como una suerte de venganza eternamente discutida y tironeada".
Y ya que Malvinas y el partido con Inglaterra en el Mundial 86 suponen un hilo conductor, el sociólogo especializado en deportes y polÃtica ofrece otra reflexión digna de ser tenida en cuenta: "Maradona es un sÃmbolo tironeado, no un sÃmbolo unánime. Se puede compartir como idea bastante consensuada la alegrÃa en relación con el Mundial y a Maradona como a la figura deslumbrante, única, pero Maradona, en general, en cambio, no es un sÃmbolo unánime".
"Es más bien un sÃmbolo tironeado. Posiblemente más que las Islas. Hay unanimidad en el recuerdo y en el dolor, de acuerdo, pero eso a condición de contemplar que las unanimidades y los consensos no dejan de ser dificultosos y falaces. Respecto de la guerra, eso sÃ, a los argentinos nos falta un debate, nos debemos un debate. La categorÃa del soldado como héroe es para discutir", consideró.
César Torres
Torres, filósofo del deporte, define a la temática como "muy sugerente" y a grandes trazos suscribe la hipótesis de Malvinas como noción unificadora.
En ese sentido, subraya que "todo indica que la sociedad argentina acepta de la forma mayoritaria el reclamo de la soberanÃa sobre las Islas Malvinas y agreguemos Georgias del Sur y Sándwich del Sur. La excepción serÃan algunos grupos minoritarios. El universo futbolÃstico reproduce esa posición, que se ve bastante claramente en la famosa canción de tribuna el que no salta es un inglés y también en las banderas que en muchos casos dicen Las Malvinas son argentinas que despliegan las hinchadas en los estadios".
"Sin embargo", invita Torres a distinguir "que el universo futbolÃstico comparta la visión predominante sobre la soberanÃa argentina sobre las islas, no significa que se genere mancomunidad. Se reconoce una postura compartida, claro, pero eso no promueve necesariamente los lazos comunes que minimicen o disminuyan desavenencias preexistentes".
"Y también se me ocurrió que quizás el universo futbolÃstico no termina de reconocer que hay un elemento aglutinador que es el fútbol como práctica social. Más allá de los colores del club propio, es el interés por los bienes internos y los estándares de excelencia del fútbol lo que une, o al menos deberÃa unir, y el hecho de que la competencia requiere reconocerse como iguales morales con intereses compartidos. Muchas veces soslayamos este generador de comunidad. Reconocerse como miembro de la comunidad futbolÃstica es o implica al menos necesariamente reconocer al resto como pares involucradas con los mismos intereses", añadió el filósofo del deporte y no se privó de alertar que incluso en torno de Malvinas acecha una acendrada cultura machista".
Asà describió Torres su parecer: "Un tercer elemento a tener en cuenta, incluso si la cuestión de las Islas Malvinas promoviese, entre comillas, unión, es el de que esta unión serÃa desde el rechazo hacia lo inglés y no desde el interés común de generar lazos colectivos y por construir en forma mancomunada una nación inclusiva, justa, solidaria, que incluya a las islas".
"Otro punto también relacionado con Malvinas como promotora de unión es el fútbol como un espacio masculinizado que reproduce el orden genérico predominante. La coincidencia futbolÃstica en torno a las Islas Malvinas no escapa a esta lógica. Pensemos, por ejemplo, en otra famosa canción de tribuna que dice la Thatcher, la Thatcher, la Thatcher, dónde está. La busca Maradona para c... La unión en estos términos simbólicos es problemática y deberÃa ser replanteada. No toda unión es una unión que deba ser aceptada tal cual es recibida o articulada. El tema de género es importante para tener en cuenta", concluyó.
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