ECONOMIA
5 de octubre de 2026
La soja se hizo mileísta y las tasas de interés se volvieron en contra: cómo afecta ese combo a los presidentes argentinos
Pese al discurso kirchnerista, históricamente el "yuyo" fue peronista, como anticipó el propio Perón en 1973. Lo nuevo es el peso del petróleo y la minería. Qué dicen dos politólogos de Brasil sobre el impacto que precios y tasas tienen en las elecciones latinoamericanas
Aunque todavía lejos del pico de 2022, cuando la invasión de Rusia y el inicio de la guerra en Ucrania llevó los precios de los alimentos a la estratósfera, el precio mundial de la soja, que traducido a pesos en el mercado local tocó el máximo de los últimos tres años, está jugando muy a favor del gobierno de Javier Milei, como también lo están haciendo los precios del petróleo -multiplicados por el fortísimo aumento de la producción de Vaca Muerta- y de la minería.
Hace dos meses Infobae destacó una elaboración del consultor Miguel Angel Broda que mostró que el gobierno disfrutaba -y lo sigue haciendo- de los mejores términos de intercambio -la relación entre el precio de los bienes que exporta e importa un país- de los últimos 125 años.
Julián Folgar, un economista argentino que trabaja en el Banco Mundial, agregó a la serie una distinción por colores de los distintos períodos políticos. "126 años de términos de intercambio argentinos en un gráfico: estamos en el máximo histórico — por encima incluso del boom agroexportador de 1910 y del pico sojero de 2011. Nunca vendimos tan caro relativo a lo que compramos", señaló, en un posteo en la red X.
Ahí se aprecia que la soja ha sido históricamente peronista y hasta podría decirse que anti-radical, si se tienen en cuenta los picos y pisos del precio internacional de la leguminosa y de los términos de intercambio de la economía argentina que coinciden, respectivamente, con gobiernos del PJ y de la UCR.
De hecho, en una entrevista que le hicieron los periodistas Jacobo Timerman, Sergio Villarruel y Roberto Maidana el 3 de septiembre de 1973 a Juan Domingo Perón veinte días antes de que la fórmula Perón-Perón se impusiera con el 62% de los votos en las elecciones presidenciales convocadas tras la renuncia de Héctor Cámpora, al que el propio Perón le había bajado el pulgar, el viejo general menciona la entonces casi desconocida "soya" como un potencial arma argentina en la "guerra por las proteínas".
Perón mencionaba también que el país podía aspirar a una cosecha anual de 200 millones de toneladas de trigo y a un rodeo de 150 millones de vacas (cifras que aún hoy lucen inalcanzables), hacía un comentario sobre los "todavía indígenas" que hoy le reprocharía el wokirchnerismo y respondía a una observación mordaz de Timerman sobre un presunto romance de peronismo con la Sociedad Rural.
Lo cierto es que en términos de intercambio Milei disfruta hoy de mejor suerte que la ya muy buena que le tocó históricamente al peronismo, porque a los precios internacionales de la soja y de las commodities agropecuarias suma los del petróleo, que ahora juegan a favor, gracias a Vaca Muerta, y de la minería, en particular la del oro, que por valor total es aún hoy el principal mineral de exportación de la Argentina.
Pero en economía los efectos positivos suelen tener contrapartida. Los altos precios del petróleo y la energía presionaron al alza la inflación en EEUU, que a contramano de los deseos de Donald Trump y del secretario del Tesoro, Scott Bessent, debió tolerar no solo un primer aumento de la tasa de política monetaria que la Fed encabezada por Kevin Warsh, designado por Trump, ya dispuso, sino también un fuerte aumento de las tasas de los bonos del Tesoro, hastalos niveles más altos de los últimos 22 años: 5,28% en el caso de los bonos a diez años y 5,61% en el caso de los bonos a 30 años.
Esas son las tasas base (supuestamente "libres de riesgo") a los que se agrega el "riesgo país" que deben pagar otros emisores de deuda "soberana". En el caso de la Argentina, son poco más de 640 puntos (6,4%) adicionales, lo que llevaría a tener que pagar cerca de 11,7% para emitir un bono en dólares a diez años. Una tasa altísima. El hecho es que el gobierno argentino debe afrontar en 2027 vencimientos por más de USD 21.000 millones, un desafío, más allá del "programa financiero" que presentó y de la "bazuca" que presume tener para afrontarlos y disipar cualquier especulación o corrida en contra.
Términos de intercambio y tasas de interés son las dos variables externas que más influyen sobre la suerte de los gobiernos latinoamericanos, en particular sobre el "voto económico", esto es, la decisión de los ciudadanos de evaluar una gestión según la situación económica que atraviesa el país.
Daniela Campello y Cesar Zucco, politólogos brasileños, publicaron en 2016 un paper, Presidential Success & the World Economy (Éxito presidencial y economía mundial), en el que afirman que la influencia del combo precios y tasas internacionales de interés es ignorada por los votantes, que atribuyen la situación vigente en sus países enteramente a la pericia o impericia del gobierno de turno.
La conclusión, que extendieron en un libro de 2020, The Volatility Curse (La maldición de la volatilidad), es que la volatilidad hace que los gobiernos sean evaluados y juzgados en función de variables que no controlan. Según Campello y Zucco, el resultado de una elección no mide tanto la competencia o calidad de las políticas de un gobierno como su suerte ante el ciclo global, lo que tiene efectos perversos tanto sobre sus motivaciones como sobre los resultados electorales.
El kirchnerismo, por caso, tuvo a favor hasta 2008 un ciclo alcista de la soja y los productos agrícolas, bajas tasas de interés internacionales e incluso la sobrevaluación del real, que determinó un fuerte aumento del PBI brasileño en dólares y un fenomenal efecto de tracción sobre la economía argentina. Tras una pausa entre 2008 y 2009 los precios volvieron a jugar a favor hasta principios de 2012, y ahí se acabó la magia.
El gobierno de Mauricio Macri, según se aprecia en el gráfico de Folgar, tuvo términos de intercambio favorables y tasas bajas, pero abusó del crédito internacional hasta que una sequía y el cambio de humor en Wall Street lo dejaron súbitamente a la intemperie.
El de Alberto Fernández y Cristina Kirchner tuvo términos de intercambio aún mejores, pero soportó al inicio el impacto negativo de la pandemia, que potenció con su cuarentena XXL, ni restructurando la deuda bajó el riesgo-país de los 1.000 puntos, sus errores hicieron que incluso los altísimos precios a favor por la guerra en Ucrania fueran insuficientes y una sequía le empeoró aún más la retirada.
Hasta ahora, el gobierno de Milei tuvo a su favor los mejores términos de intercambio en 125 años, como muestra el gráfico del principio, pero le empiezan a jugar en contra las tasas internacionales y una incipiente retracción de las economías desarrolladas.
Eso sí: al menos por ahora la soja se convirtió al mileísmo, aunque históricamente haya sido peronista.