2 de septiembre de 2026
Del césped de Rhode Island al cemento de Nueva York: la historia del US Open, el Grand Slam que cambió de sedes, nombres y superficies
El torneo nació en 1881, se mudó varias veces, pasó del césped a la arcilla y finalmente a las canchas duras. Fue pionero en la igualdad de premios y tuvo entre sus protagonistas a Renée Richards, primera tenista trans en jugar el cuadro femenino de un Grand Slam
Hay algo curioso en la historia del US Open. Para entender el torneo que hoy se asocia inmediatamente con las luces de Nueva York, las tribunas del Arthur Ashe Stadium y los partidos que terminan de madrugada, hay que salir de Flushing Meadows y viajar unos 300 kilómetros hacia el norte, hasta Rhode Island.
A fines del siglo XIX, cuando el tenis todavía era una actividad recreativa de élite y las raquetas, las pelotas y la vestimenta tenían poco que ver con el escenario actual, comenzaba allí la historia de uno de los cuatro grandes torneos del ATP Tour.
La primera edición se disputó en agosto de 1881, en las canchas de césped del Newport Casino, en Rhode Island. El torneo se llamaba U.S. National Championships y estaba reservado a jugadores de clubes afiliados a la asociación nacional estadounidense de tenis. El cuadro de singles tuvo 25 participantes y Richard Sears derrotó en la final a William Glyn por 6-0, 6-3 y 6-2. Sears ganó las primeras siete ediciones, entre 1881 y 1887, y todavía comparte el récord histórico de títulos masculinos con William Larned y Bill Tilden.
Las mujeres tuvieron su propio certamen seis años después. En 1887 se disputó el primer Campeonato Nacional Femenino en el Philadelphia Cricket Club, también sobre césped. La campeona fue Ellen Hansell, de 17 años y quien derrotó a Laura Knight por 6-1 y 6-0.
La primera gran mudanza llegó en 1915. El campeonato masculino abandonó Newport y se trasladó a Nueva York, al West Side Tennis Club de Forest Hills, en Queens. Después volvería temporalmente a Filadelfia entre 1921 y 1923, antes de regresar en 1924 a Forest Hills, donde se quedaría durante más de medio siglo.
Durante buena parte de ese recorrido, una característica que hoy resulta extraña se mantuvo intacta: el torneo se jugaba sobre césped. Fue la superficie del campeonato desde 1881 hasta 1974, por lo que durante décadas el torneo estadounidense compartió con Wimbledon una identidad que luego quedaría asociada exclusivamente al Grand Slam británico.
El cambio llegó en 1975. Los organizadores abandonaron el césped y utilizaron Har-Tru, una arcilla verde estadounidense. El experimento duró apenas tres ediciones: Manuel Orantes fue campeón en 1975, Jimmy Connors en 1976 y Guillermo Vilas en 1977.
En 1978 llegó la última gran transformación. El torneo abandonó Forest Hills, se instaló en Flushing Meadows y adoptó las canchas duras que hasta hoy definen su identidad.
Connors ganó aquella primera edición en la nueva sede y consiguió una marca única: fue el único jugador en la historia del US Open en conquistar el título sobre sus tres superficies. Fue campeón sobre césped en 1974, sobre Har-Tru en 1976 y sobre cancha dura en 1978, 1982 y 1983.
Durante décadas, el certamen se conoció como U.S. National Championships. En 1917, en plena Primera Guerra Mundial, pasó a llamarse National Patriotic Tournament.
El cambio decisivo llegó en 1968, con el nacimiento de la Era Abierta. Los profesionales pudieron competir junto con los amateurs en los grandes torneos y el campeonato estadounidense adoptó el nombre que lo acompañaría desde entonces: US Open. Arthur Ashe fue el campeón masculino de aquella primera edición y Virginia Wade ganó el torneo femenino.
El cambio no fue solamente de nombre. En 1973, el US Open se convirtió en el primer Grand Slam en ofrecer igualdad de premios entre hombres y mujeres: los campeones de singles, Margaret Court y John Newcombe, recibieron 25 mil dólares cada uno y las bolsas totales de ambos torneos fueron de 100 mil dólares. Fue uno de los grandes hitos de igualdad en la historia del tenis y una transformación impulsada en buena medida por Billie Jean King.
Hay otra particularidad que diferencia al US Open de los otros tres Grand Slam: nunca dejó de jugarse. Mientras Wimbledon, Roland Garros y el Abierto de Australia tuvieron interrupciones durante las Guerras Mundiales, el campeonato estadounidense se disputó todos los años desde su primera edición en 1881.
Incluso en 2020, cuando la pandemia de COVID-19 obligó a modificar buena parte del calendario deportivo mundial, el US Open consiguió llevarse adelante en Nueva York, aunque sin público y bajo protocolos sanitarios extraordinarios.
La transformación también alcanzó la manera de jugar. En 1970, el US Open se convirtió en el primer Grand Slam en incorporar el tie-break. La innovación había sido desarrollada por el exjugador y dirigente Jimmy Van Alen y buscaba poner un límite a los sets interminables.
El sistema original no era exactamente el actual: el torneo utilizó inicialmente un tie-break de nueve puntos, que en 1975 fue reemplazado por el formato de 12 puntos.
El US Open también fue pionero en llevar el tenis a la noche. En 1975 se disputaron por primera vez partidos bajo luz artificial en un Grand Slam, todavía en Forest Hills. Con el tiempo, las sesiones nocturnas se convertirían en una de las grandes marcas del torneo.
El 1 de septiembre de 1977, Renée Richards ingresó a la cancha de Forest Hills para jugar la primera ronda del cuadro femenino. Nacida como Richard Raskind en Nueva York, había competido previamente en el campeonato como hombre. Después de su transición, las autoridades del tenis estadounidense intentaron impedirle participar en el cuadro femenino y le exigieron un test cromosómico.
Richards llevó el caso a la Justicia y, el 16 de agosto de 1977, el juez Alfred M. Ascione falló a su favor. Consideró injusta y discriminatoria la exigencia del test y permitió que pudiera competir como mujer.
Días después, Richards salió a la cancha del US Open. La rival fue Virginia Wade, campeona de Wimbledon ese mismo año. La británica ganó 6-1 y 6-4, pero el resultado quedó relegado por la dimensión histórica del acontecimiento: Richards se convirtió en la primera tenista trans en disputar el cuadro femenino de un Grand Slam.
Su participación no terminó en aquella derrota. Junto con Betty Ann Stuart llegó hasta la final de dobles femenino, donde perdió frente a Martina Navratilova y Betty Stöve.
La mudanza a Flushing Meadows en 1978 transformó definitivamente la dimensión del torneo. En 1997 se inauguró el Arthur Ashe Stadium, que pasó a ser el escenario principal del US Open y uno de los estadios de tenis más grandes del mundo, con capacidad para más de 23 mil espectadores.
En 2016 llegó otra transformación decisiva: el techo retráctil del Arthur Ashe Stadium permitió disputar partidos incluso bajo la lluvia.
El complejo tampoco dejó de transformarse. En 2006, la sede pasó a llamarse USTA Billie Jean King National Tennis Center, en homenaje a una de las grandes figuras de la historia del tenis estadounidense. El torneo que había comenzado en un club de Rhode Island se había convertido en una gigantesca ciudad deportiva dentro de Nueva York.
Por ese recorrido pasaron algunos de los nombres más importantes del tenis. Entre los argentinos aparecen Guillermo Vilas, Gabriela Sabatini y Juan Martín del Potro, tres campeones que dejaron su huella en Nueva York.
Vilas ganó el título en 1977, en la última edición disputada en Forest Hills. Sabatini se consagró en 1990, cuando derrotó a Steffi Graf en la final. Del Potro protagonizó en 2009 una de las finales más recordadas de la Era Abierta al derrotar a Roger Federer, que buscaba su sexto título consecutivo en La Gran Manzana.
Los récords absolutos, sin embargo, pertenecen a otras épocas. Richard Sears, William Larned y Bill Tilden ganaron siete títulos cada uno en la etapa previa a la Era Abierta. Sears consiguió los siete primeros, entre 1881 y 1887. Larned ganó siete entre 1901 y 1911 y Tilden conquistó seis consecutivos entre 1920 y 1925, antes de sumar otro en 1929.
En la Era Abierta, el récord masculino quedó en cinco títulos y los dueños son Jimmy Connors, Pete Sampras y Roger Federer. Connors los consiguió en 1974, 1976, 1978, 1982 y 1983; Sampras, en 1990, 1993, 1995, 1996 y 2002; y Federer conquistó cinco consecutivos entre 2004 y 2008.
Entre las mujeres, Molla Bjurstedt Mallory conserva el récord absoluto con ocho campeonatos: 1915, 1916, 1917, 1918, 1920, 1921, 1922 y 1926.
En la Era Abierta, Chris Evert y Serena Williams alcanzaron seis títulos cada una. Evert los consiguió en 1975, 1976, 1977, 1978, 1980 y 1982. Serena Williams fue campeona en 1999, 2002, 2008, 2012, 2013 y 2014.
El US Open cambió casi todo. Cambió de ciudad, de sede y de superficie. También de nombre, de formato y de reglas. Abandonó el césped, experimentó con la arcilla y encontró en las canchas duras su identidad definitiva.
Abrió las puertas a los profesionales, fue pionero en la igualdad de premios y convirtió las sesiones nocturnas en parte de su propia identidad. También atravesó guerras, transformaciones sociales, revoluciones tecnológicas y una pandemia.
Pero hay algo que no cambió: desde aquel primer campeonato de 1881 en Newport hasta las noches de Flushing Meadows, el torneo continúa poniendo a los mejores tenistas del mundo frente a frente y dejando que sean ellos quienes escriban la siguiente página.