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20 de diciembre de 2021

Mujeres que limpian veredas y plazas temen perder su trabajo por reconversión de un programa porteño

Distintas organizaciones involucradas en el programa "Veredas Limpias" denunciaron que este tipo de trabajo se verá modificado porque el programa vivirá una reconversión hacia proyectos productivos y temen que se desarticulen las cooperativas.

Por Agustina Ramos 19-12-2021 | 14:45

La Milagros es una cooperativa integrada por 120 personas, la mayoría mujeres. (Foto Victoria Egurza)

Seina, Mariela y Marilú son trabajadoras de La Milagros, una cooperativa con 120 personas que mantiene un convenio con el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat porteño para llevar adelante el programa "Veredas Limpias" desde 2006, una política que corre el riesgo de ser desarticulada, según denunciaron organizaciones involucradas.

A las 8 de la mañana, las mujeres y algunos hombres de La Milagros se presentan a trabajar con remera blanca, pantalón azul, gorra, zapatos para la tarea y rastrillos en el marco de la Unidad de Gestión de Intervención Social (UGIS) para limpiar las veredas, plazas y parques de barrios populares como Villa Lugano, Villa Soldati, Bajo Flores y Barracas.

Su labor es "muy importante", especialmente para sus trabajadoras, quienes gracias a la cooperativa pudieron terminar el secundario, lograr una independencia económica y conjugar el trabajo con el cuidado de sus hijas e hijos, según cuentan ellas a Télam.

Sin embargo, distintas organizaciones involucradas en Veredas Limpias denuncian que este tipo de trabajo se verá modificado porque el programa vivirá una reconversión hacia proyectos productivos y temen que se desarticulen las cooperativas además de desconocer lo que ocurrirá con los insumos y maquinaria necesarios.

El programa "Veredas Limpias" corre el riesgo de desaparecer. (Foto Victoria Egurza)

"Ellos no tienen una visión de mejorar, sino de precarizar más aún. De hecho, la Ministra (de Desarrollo Humano y Hábitat, María Migliore) nos dijo que esto es como el Potenciar Trabajo, un plan. Nosotros le dijimos: mirá esto no es un plan, es un trabajo. Los compañeros tienen vacaciones, hay un presentismo", dijo a Télam Seina Gómez, de 28 años, bajo la sombra de un árbol en una plazoleta de Barracas que la resguarda a ella y su hijo del sol incendiario de diciembre en la ciudad.

Hace 10 años, cuando Seina tenía 18 y estaba terminando el secundario ingresó a trabajar en la cooperativa de trabajo La Milagros, perteneciente a la organización Barrios de Pie.

"Para mí fue como mi primer empleo joven. Estaba contentísima. En ese momento era 800 pesos el sueldo, me acuerdo. Para mí era un montón porque de mínima me podía solventar los gastos. Mi grupo familiar estaba compuesto por mi mamá que es soltera y mis dos hermanas; entonces ahí ya me podía comprar mis cosas y ayudar también en mi casa", contó la mujer para quien la cooperativa le permitió terminar el secundario y proyectar estudiar una carrera.

Cuando ingresó se codeaba con compañeras y compañeros más grandes, lo cual fue "todo un desafío".

"Los compañeros decían: Ay estos jóvenes seguro que no van a durar ni dos semanas. Entonces era demostrar que estaban equivocados, que los jóvenes también podemos ser responsables con el laburo", explicó Seina, que un año después de comenzar a trabajar pasó a ser jefa de cuadrilla.

Las mujeres, gracias a la cooperativa, pudieron terminar el secundario, lograr una independencia económica y cuidar de sus hijas e hijos. (Foto Victoria Egurza)

Actualmente, se la "trata de rebuscar" vendiendo también zapatos por internet en los momentos libres que tiene entre el trabajo y cuidar a su hijo para poder llegar a fin de mes.

"Si realmente el gobierno tiene la intención de mejorar este programa que sea eso, mejorar. Para eso que construya una mesa de trabajo con nosotros que justamente somos los que venimos siguiendo esto", reclamó Seina, militante de Barrios de Pie.

La Milagros


La Milagros está compuesta por 120 personas que trabajan de 8 a 12 limpiando veredas, plazas y parques a partir del programa "Veredas Limpias" y perciben un sueldo de 14.700 pesos mensuales, con un contrato que se renuevan cada 12 meses.

El 80% de sus integrantes son mujeres y la mayoría son sostén de hogares, por lo que algunas de ellas tienen permitido llegar entre 10 y 15 minutos más tarde, un horario contemplado para que puedan llevar a sus hijas e hijos a la escuela.

"Siempre en las crisis un montón de compañeras son las que laburan en los comedores, son promotoras de género, de salud. Ante esa situación nosotros abrimos la cooperativa como una herramienta de trabajo y que las compañeras puedan trabajar", describió Seina.

Mariela Cardozo, de 32 años y vecina de Villa Lugano, comenzó a trabajar en los inicios de la cooperativa, en 2012, y hoy es supervisora, un rol que implica recorrer las cuadrillas, tener reuniones semanales con las y los coordinadores para ver cómo se encuentran los equipos, además de encargarse de tareas administrativas.

Sobre sus inicios recordó: "En ese momento yo estaba soltera, tenía una nena de un año y fue una gran ayuda como intervención social".

Por ese entonces le había costado conseguir un trabajo porque estaba terminando el secundario y cursando un embarazo, además de que se había separado y vivía una situación económica complicada.

"Estaba en una relación tóxica y me costaba salir de eso. Yo dependía de mi pareja y en eso las reuniones, la compañía y el laburo me ayudaron mucho. Me hicieron abrir los ojos y valorarme como mujer. Así pude sostenerme yo y a mi hija", contó Mariela sobre la cooperativa y la organización de la que forma parte.

La cooperativa de trabajo La Milagros pertenece a la organización Barrios de Pie.(Foto Victoria Egurza)

Marilú Mereles, de 36 años y de Barracas, también comenzó a trabajar en la cooperativa luego de separarse de una pareja y estando a cargo de su hija de tres años.

En ese entonces, siete años atrás, era madre soltera y ahora volvió a estar en pareja, tiene dos niñas de 10 y 4 años y "por suerte" -aseguró- consiguió vacantes para llevarlas a escuelas con jornada completa.

Del trabajo valoró que "son cuatro horas".

"La mayoría somos madres, que mientras se van los chicos a las escuelas nosotras trabajamos acá. Llegamos al mediodía y hacemos cosas o buscamos a los chicos también. Nos da esa posibilidad", explicó.

"Esto te hace crecer, no te hace sentir sola. Te hace sentir que vos podés tener tu propio trabajo", insistió Marilú, sentada sobre las raíces de un árbol y a la sombra porque los zapatos que usa son "duros" como para conversar parada.

"Es muy importante para nosotros este trabajo. Por eso la preocupación es bastante. Sería muy triste perderlo. Por más que cobremos muy poco, llevamos algo", concluyó.
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